Carta de amor al bebé arcoíris y al bebé estrella.Planeta Olivia y Violeta.

Mi dulce y eterna Olivia, niña soñada, tu luz viene a disipar lo oscuro que oprime el alma.
Eres amor eterno y puro. Gracias a ti este día ha sido bonito, gracias a tu sabiduría, a las palabras guía que de pronto resuenan en mi interior y me hacen reflexionar, ser consciente de cuánto tenemos a pesar de todo lo que hemos perdido. Me traes paz y perdón, me haces ser mejor, no me permites claudicar ni abandonarme a la abulia y la tristeza.
Olivia… Siempre hablo de ti y de este lazo sagrado y eterno que nos une.
Hoy al celebrar San Valentín brindamos por el amor, que no es sino tu sinónimo. Estás presente en todo cuanto hacemos. Juntos los visibles y los invisibles.

Mi pequeña y amada Violeta, flor del dragón…
Ocho meses y medio contigo, sin separarnos ni un instante , juntas a todas horas, unidas, conociéndonos, tal como también hubiera hecho con tu hermana.
Violeta, si tu supieras la felicidad que me das
cada día
a cada instante.
Dormir contigo es lo más bonito que he conocido en mi vida, tu tacto, tu piel, tus ojos, tus manitas, tu cuerpecito, tu olor, tu mirada…
Son sensaciones, Violeta, para las que no existen palabras, son sensaciones que van al corazón directamente. Qué pena no poder expresar con palabras ese calor, esa satisfacción y placer tan enormes que siento al tenerte a mi lado.
Hija mía, dulce Violeta.
Te veo crecer, pero para mí serás siempre mi bebé. Ya no eres recién nacida, has dejado atrás tantísima ropa y tan deprisa. Recuerdo cuando dejaste de caber en el carrito y hubo que pasarte a la silla, cuando empezaste a incorporarte y a sentarte sola, cuando probaste por primera vez los sólidos y papá puso una cara que yo sé leer muy bien, una cara que intenta ocultar su tristeza.  Al insistirle en que me contase lo que le pasaba, me respondió “Es que esta no debería ser la primera vez que vemos la reacción de una hija nuestra al probar la manzana”…
Eres tan inteligente, cariñosa, sociable. Como a mamá, te encanta el contacto humano.
Eres risueña y se te ve feliz, con esa preciosa sonrisa aún sin el adorno de un sólo diente.
Los momentos de nuestra lactancia son indescriptibles, esa unión mágica, TU MIRADA, tus manitas sobre mi pecho o en mi cara, la dulzura con la que te quedas dormida sobre mí…
¡Oh, Violeta! Qué historia de amor
Alegras al abuelo tras su infarto, iluminabas el rostro de la abuela al venir de cuidarle en el hospital, me llenas de dicha a mí cuando me flaquean las fuerzas, cuando la ausencia de tu hermana se me vuelve insoportable, injusta, cruel, cuando vuelve el llanto a mis ojos y el dolor me corta la respiración, ahí estás tú.
Cuánto te echa de menos papá cuando tiene que estar separado de ti, qué larga y árida es la separación para los que se aman aunque el tiempo objetivo sea breve, pues es el único tiempo del que entendemos los enamorados es el del corazón.
Tu padre te adora.
Y desde el cielo, tu hermanita te envuelve en un amor purísimo con los rayitos de luz de su rutilante y brillantísima estrella.

Violeta, eres, junto con Olivia, lo más importante de nuestras vidas.

Gracias por elegirnos, por venir, así de pronto, sin esperas, a nuestra familia, por quedarte para ser cubierta de besos y caricias. por permitirnos conocer qué es ser padres también en el plano físico.

Sé que tendrás una larga y próspera vida, te amaré todo el trayecto de la misma que compartamos y cuando me vaya a reunirme con tu hermana, te seguiré amando. Siempre.

Juntos los visibles y los invisibles.


Feliz San Valentín, amores de mi vida. 

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