Cómo abandonar el papel de víctima en cinco pasos

Del duelo sano al patológico hay una distancia muy corta si uno no toma las riendas de su vida y abandona el papel de víctima.

El mes pasado sólo publiqué dos entradas en mi blog porque hice un par de colaboraciones en otras páginas.
Una de ellas fue en Aempezar escribiendo este post que puedes leer aquí:

Cómo abandonar el papel de víctima en 5 pasos

Espero que os sirva de inspiración.

Ooops! Parece que el link ya no funciona. Os dejo el texto:

 

Cómo abandonar el papel de víctima
en 5 pasos
A lo largo de
nuestra existencia todos sufriremos en mayor o menor medida alguna
pérdida, desde las originadas por conflictos familiares, laborales,
crisis personales, rupturas amorosas hasta las causadas por la muerte
de un ser querido. Todas estas pérdidas, por pequeñas que sean,
traen consigo un duelo que conviene aprender a gestionar porque nada
nos blinda frente al infortunio: ni la actitud más positiva, ni la
fe más inquebrantable.
Tras este comienzo aparentemente
negativo llega la buena noticia; si bien no eres inmune a las
desgracias posees una cualidad magnífica para superarlas y salir
fortalecido: La resiliencia. Pero para que la resiliencia pueda
operar es necesario abandonar primeramente el papel de víctima.
Cuando una gran desgracia rompe tu
vida, como lo hace la muerte de un hijo, tienes dos opciones:
Apartarte de la vida, mirar al mundo con resentimiento, maldecir al
destino por la inmensa injusticia que ha cometido contigo,
instalarte en la queja amarga y eterna, preguntarte incansablemente “
¿ Por qué a mí? “ Y dejarte consumir por la culpa y la rabia
adoptando el papel de víctima o bien puedes vivir tu duelo,
atravesar el dolor y abandonar dicho papel para renacer, forjando un
nuevo yo fortalecido. No os lo está contando un psicólogo, ni un
terapeuta, ni un experto en duelo, ni un coach, ni un escritor de
libros de autoayuda. Os lo cuenta una madre que ha vivido esta
lacerante experiencia y ha podido volver a abrazar la vida. A
continuación, algunas sugerencias, aplicables a cualquier
experiencia vital, para abandonar el papel de víctima:
  1. Distingue entre dolor y
    sufrimiento
    . El dolor es una respuesta natural, lógica,
    inevitable ante la situación adversa mientras que el sufrimiento es
    una actitud que se elige frente a ella, por lo tanto es inútil.
    Todos conocemos a personas que parecen gustar de adornarse con el
    sufrimiento, personas que perpetúan voluntariamente su dolor
    incluso cuando aquello supuestamente tan terrible que les ha
    acontecido no lo es tanto. Existe en estas personas la voluntad de
    sufrir y quizá inconscientemente, no desean reponerse sino anclarse
    en su dolor.
  2. Retira el foco de tu persona.
    Durante los primeros momentos tras la pérdida, sea ésta cual sea,
    sólo podemos preocuparnos de nosotros mismos, nada más existe
    excepto un inmenso dolor. Esto es comprensible durante un tiempo no
    marcado, pero es preciso no alargar esta etapa voluntariamente, de
    lo contrario nos volveremos egoístas. Si nos centramos sólo en
    nuestra desgracia, no seremos capaces de percibir las necesidades
    emocionales de los que nos rodean. Y curiosamente desarrollando la
    empatía, alejándonos por un instante de nuestro problema para
    coger perspectiva y tratar de ver qué podemos hacer por los
    demás
    , nos estaremos ayudando a nosotros mismos. En mi duelo
    hubo un punto de inflexión cuando fui consciente del dolor que mis
    lágrimas infligían a mi familia. Pensar en ellos, en aliviar su
    angustia por mí, me dio fuerza para recuperar las ganas de seguir.
    Y cuando empecé a mejorar, decidí escribir un blog
    (http://elplanetadeoliviayvioleta.blogspot.com.es/)
    para ofrecer esperanza a otros padres dolientes.
  3. Retoma las riendas de tu vida.
Cuando uno se
posiciona como víctima, está eligiendo inconscientemente una amarga
comodidad. Como víctima no eres responsable de tu propia vida,
tienes la excusa perfecta para abandonarte y no continuar, para
dejarte cuidar por los demás, a los que cargas con obligaciones para
contigo. Hay casos en los que el papel de víctima se vuelve
patológico y la persona exige dedicación exclusiva de sus allegados
hasta el punto de llenarse de ira cuando considera que no están
teniendo en cuenta su sufrimiento. Si elegimos ser víctimas nos
alejamos de la alegría, no nos permitimos reír, creemos que
mostrarnos tristes y abatidos es lo propio en nuestra situación.
Pero hay otro camino para atravesar las experiencias dolorosas.
Sumergirse sinceramente, sin aspavientos, en el dolor, hundirse para
tomar impulso desde el mismo fondo del alma y resurgir de entre las
negras aguas, tomando una bocanada de aire nuevo y vivificante. Sólo
tú eres responsable de tu felicidad.
  1. Busca inspiración.
Todos conocemos
casos extraordinarios, ejemplos de fortaleza frente a sucesos
verdaderamente trágicos, personas fantásticas como Òscar
Jiménez
, parapléjico por error médico, autor del
libro “Imposible” o Irene Villa, mutilada desde su niñez por un
atentado de E.T.A, que son un ejemplo perfecto de resiliencia. Ellos,
como tantos otros, demuestran que se puede volver a ser feliz incluso
cuando la vida te juega una mala pasada.
  1. Da las gracias por el amor que
    te rodea y comienza a expandir amor.
El dolor de la
pérdida nubla tus sentidos y le resta valor a la vida, sólo vemos
lo que hemos perdido y no todo lo que nos queda. Aunque con mucho
esfuerzo al principio, es conveniente hacerse consciente de todo
aquello que sí tienes, del amor que te sostiene, de cada persona que
está a tu lado, de cada gesto amable, cada sonrisa, cada rayo de
sol, cada flor que brota, cada pensamiento noble que acude a tu
mente. Al dar las gracias, constatamos que merece la pena seguir
adelante cosiendo nuestra alma rota con los hilos del amor.
Cualquier pérdida y su posterior
trabajo de duelo es una oportunidad para renacer
, para dejar
atrás herencias no deseadas, para encontrar nuestra esencia y crear
un nuevo yo. Puede ser que hayas perdido un trabajo, tu juventud, tu
círculo de amigos, que tengas que emigrar a otro país, que te
abandone el amor de tu vida, etc. Todas estas situaciones producirán
un impacto, una gran sacudida en tu vida. Permítete reconocer el
dolor, siéntelo y atraviésalo, sin resistencias, sí, pero sin
echar el ancla en sus aguas.
Dentro de ti están las herramientas
para abandonar este papel de víctima tan destructivo. Recuerda que
tú eres el responsable de tu felicidad.

 

2 comentarios

  1. Gracias a ti, Anabel, por leer y comentar, tus palabras son muy importantes pues le dan sentido a este deseo de compartir mis reflexiones para ayudar a otros y devolver de ese modo lo bueno que mi hija Olivia me ha ido enseñando.
    Un abrazo

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