Dejarte volar. Planeta Olivia.

 

Hoy hace un año exactamente de tu despedida física, dulce
Olivia.

 

Mucho he escrito sobre los momentos más terribles de
nuestras vidas y no descarto compartir en otro momento el relato de esos días
negros, de desesperación indescriptible, para que quien los esté atravesando
ahora, sumido en el pozo de sentirse muerto en vida, sepa que nosotros
también  estuvimos ahí y sin embargo
sobrevivimos, renacimos y ahora somos mejores.

 

Pero no nos engañemos, por supuesto que, un año después, a
veces el dolor nos visita de pronto, tan lacerante como al principio, porque
los recuerdos son extraordinariamente nítidos, vívidos y nos traen todo el
dolor de esos instantes de vuelta al presente. Pero del dolor hablaré en otra
entrada.


Hoy quiero centrarme
en
dos ideas fundamentales que acudieron a mí en la
despedida física de Olivia, el momento transcendental que cambió mi vida para
siempre:

 

1.       Lo grande y lo pequeño. Nuestra verdadera
esencia.

 

Extracto del  “Diario- Cartas a Olivia”:

 

“Estoy muy orgullosa de
ti. El orgullo de madre es el único que me voy a permitir de ahora en adelante.
No se trata de perder autoestima. Se trata de ganar en humildad. La muerte demuestra que somos muy pequeños,
no somos nada ante ella. La muerte te da una lección magistral de humildad.
Pero también demuestra que somos muy grandes.
Sólo que no como nosotros
creíamos
. Hay que quitarse de encima lo que sobra. (No es grande el orgullo, ni el dinero, ni la posición, ni la apariencia,  ni estar cargados de razón, ni nada de lo que nos hemos empeñado en construir a lo largo de la vida para ser exitosos ante los ojos de la sociedad o de nosotros mismos).
 Somos algo mejor, algo que está más profundo y no sabemos ver, supongo
que es nuestra verdadera esencia.

 

En situaciones límite,
como lo fue tu muerte, puede aflorar. En mi caso lo hizo. Es una grandeza en la
que no hay orgullo. No te sientes grande ni te piensas grande. Hay algo
poderoso e interno que es así, grande, misterioso, esencial. Lo vi claramente
al acompañarte en tu paso al otro lado. Mi manera de actuar en ese trance, que
a tu padre le impactó tanto y dice que le pareció heroica, que le re enamoró y
le causó una honda impresión, no era sino lo más natural para mí y no hay
mérito alguno en ello.

 

Y a partir de ese momento
en el que “vi” con claridad, quiero de forma consciente desapegarme de lo
pequeño, de todo lo que, en realidad, no tiene ninguna importancia.

 

Lo grande es el amor. Es la única arma que tenemos ante la muerte”.

 

(Poco después de dejar
volar a Olivia, leí en El Poder del Ahora
de Ekhart Tolle  una descripción muy
semejante a lo que yo sentí en esa despedida. Explica cómo tu verdadera esencia
puede surgir efectivamente en situaciones límite, que tus pensamientos se
detienen, dejas de tener dudas, lo que conocías como tu carácter o forma de ser
se evapora y algo mucho más poderoso toma el control de tu ser por lo que actúas
de forma segura y natural).

 

2.       La presencia “divina”

 

No soy una persona
religiosa, ni mi familia, ni mi marido tampoco. Pero no soy atea, ni siquiera
agnóstica. Siempre he creído en algo, aún sin saber muy bien en qué.

 

Cuando pude entrar en la
UCI a ver a mi hija, todas las veces, pero muy especialmente cuando se
aproximaba el momento de su partida, sentí un RESPETO REVERENCIAL ante
Olivia y ante algo más…

 

Es algo imposible de explicar,
pero percibí que allí había algo grande, una “presencia” transcendental. Esta
presencia me producía un tipo de respeto nunca hasta entonces conocido, una
sensación de realidad, de verdad. Lamentablemente no lo sé expresar bien.

 

Sobre esa “presencia” encontré,
varios meses después, en El libro
tibetano de la vida y la muerte
de Sogyal Rimpoché , en el capítulo trece
“Ayuda espiritual para los moribundos”, una frase que me recordó vivamente lo
que percibí entonces:

 

“… Muchísimas veces he
experimentado un respeto reverente ante la sensación de presencia sagrada que
entonces se establece por sí misma, y que a su vez inspira al moribundo.”

 

6 comentarios

    1. Quizá no haya otra imagen que la represente mejor, la belleza efímera y rutilante de una estrella fugaz. " Hay quienes traen al mundo una luz tan grande que aún cuando se han ido, su luz sigue brillando"
      Miles de gracias, de corazón, Irene.

    1. Qué pequeña gran maestra tenemos para apredender de y con ella. Y qué bonitas tus palabras, reconfortan porque nada le gusta más a una mamá que sentir también el amor de los demás hacia su hijo. Un super abrazo, Sandra

    1. Hola Erika, lamentablemente hasta hoy no lo había visto porque se había ido a la carpeta de spam. Lo leeré despacio, con mucha atención y te contestaré muy pronto. Muchas gracias por escribir y compartir. Un abrazo enorme y mucho animo.

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