El regalo del duelo: Unos ojos nuevos para mirar la vida

Pronto hará dos años del nacimiento y muerte física de Olivia. En torno a la fecha se produce ese efecto aniversario que mencioné en la entrada ¿Cuándo acaba el duelo?
Pero hoy quiero que ese efecto aniversario adquiera un significado nuevo.
Dicen los estudios de psicología divulgados por Elsa Punset que “tenemos un cerebro programado para sobrevivir que tiende a magnificar y recordar lo negativo, hasta cinco veces más que lo positivo” de forma que para vivir positivamente deberíamos aprender a contrarrestar lo negativo con cinco pensamientos positivos. Y para ello nada mejor que hacer uso de algo con lo que tu duelo quiere obsequiarte si tú lo aceptas.

El duelo no trae sólo dolor, trae una oportunidad única de renacer a través de un regalo maravilloso: unos ojos nuevos para VER la vida. VER de verdad, así en mayúsculas, ver con esos ojos a los que lo esencial no les es invisible, esos ojos que sólo reciben como presente los que recorren el camino del duelo.
Cuando hasta respirar parece imposible, cuando tu vida depende de un hilo, cuando no hay energía ni para esbozar una sonrisa, cuando te sientes más cerca de la muerte que de la propia vida, uno empieza a apreciar  todos esos momentos en los que tenía todo para ser feliz y no supo valorarlo.
Uno se sorprende al recordar cómo podía quejarse por tonterías, agobiarse por naderías, enfadarse por nimiedades, entristecerse por banalidades.
Y entonces se da cuenta de ha recibido el regalo de una nueva mirada sobre el mundo.
A pesar del dolor y la inmensa pena, honda como el abismo, la belleza comienza a hacer visitas, breves e intensas como destellos en la noche. Destellos capaces de cegarte, pues tus ojos nuevos aún no han aprendido a ver. Tu alma está en un estado especial, alerta, próxima a la frontera entre lo visible y lo invisible, mucho más receptiva al mundo espiritual. En esta etapa del duelo las señales hacen su aparición con gran intensidad. Y tú las recibes con certeza.
La belleza envuelve el alma rota y la va nutriendo, reparando, lentamente. La belleza nos da esperanza. No se puede vivir sin esperanza.

Antes de VER hay que aprender a mirar. Observar pequeños detalles que a otros les pasan inadvertidos, que para otros carecen de significado, que no calan en los demás y sin embargo al doliente le hacen pararse en mitad del tráfico, del tumulto, sólo para deleitarse con el juego de un rayo de sol sobre el espejo de un escaparate.

Después, el regreso a la vida va mitigando esa sensibilidad exacerbada. Puede que al principio esto te apene, pero en realidad es motivo de alegría pues significa que vas avanzando en tu duelo. Lo importante es que te quedes con tu regalo: No lo devuelvas. Quédate con tus nuevos ojos para mirar de un modo diferente la vida. Con tu nueva mirada no te costará encontrar cinco cosas positivas por una negativa y conseguirás un balance positivo entrenando a tu cerebro para que deje el modo supervivencia y te permita VIVIR.

Aún me quedo extasiada contemplando el vuelo de las mariposas blancas que se cruzan en mi camino, aún me estremece ver brotar las estrellas, tocar una perla de rocío sobre el pétalo de una flor, aún me permito detenerme un instante para mirar esa hierba que rompe el hormigón, para disfrutar de los gestos de la gente corriente, para recibir un saludo, un halago, una sonrisa o un abrazo.
Quiero seguir absorbiendo esa belleza y dejándome cautivar por ella. Vivir esos momentos especiales que regalamos a Olivia en aquel tarrito de cristal.

Hace muy poco he tenido uno de estos momentos mágicos. Fue en Madrid, en una calle por la que había caminado en infinidad de ocasiones, pues había vivido en ese barrio, A pesar de ser una gran amante de la pintura en general y de Sorolla en particular, nunca había visitado su museo. Pasé por la entrada, como otras muchas veces, pero esta vez  había quedado allí con mi querida y admirada María Mikhailova y decidí acceder al recinto para esperarla (María, otra de esas personas que aparecen afortunadamente en la vida de uno cuando decides iniciar nuevas sendas. No esperes llegar a lugares diferentes si siempre transitas los mismos caminos).

De pronto, al atravesar la puerta me sentí transportada a otro mundo. El tiempo se detuvo y todo se tiño de irrealidad. Qué sorpresa tan agradable, qué pequeño y delicado jardín secreto esperaba tras la tapia a ser descubierto.
Podía haber pasado una y mil veces más por allí y nunca conocerlo.

 

 

A veces la belleza está delante mismo de nuestros ojos, que sin embargo son incapaces de ver qué hay tras la tapia de la cotidianidad.
Te animo a que cruces el umbral de esa puerta cercana que nunca abriste.
No menosprecies el regalo que tu duelo te ha dado: Unos ojos nuevos para VER la vida.

13 comentarios

  1. Gracias por aportar esta visión vitalista!!!! Me he imaginado que tu nueva manera de ver la vida es la misma que tendría Olivia, con ojos de verlo todo por primera vez, con la curiosidad naturalmente innata y las emociones de vivirlo todo intensamente, disfrutando de vivir, que es lo que deberíamos hacer y que, a veces, tan solo tras un gran revés de la vida como es la pérdida de un hij@ nos permitimos re-activar. Nuestra mente puede educarse para vivir en vez de solo sobrevivir, ya que, respecto a lo que explica Elsa Punset, la lógica de la importancia a la negativo es tan solo para asegurar la supervivencia de la especie, no la felicidad ni personal ni colectiva. Vamos a por un mundo feliz, lleno de pequeños o grandes buenos momentos que sumen mucho y que los tristes y dolorosos, estés allí con la magnitud que para nosotr@s sea sana.
    Preciosas las fotos, y todavía mejor lo que te despertó para transmitir!!!
    Gracias!!!

    1. Gracias, Oscar, tú que tanto sabes de este tema me aportas mucho con tu comentario. Qué bonito pensar en poder ver la vida a través de los ojos de lucero de Olivia, así lo siento veces y deseo potenciarlo.
      GRACIAS y un abrazo!

  2. Me ha parecido precioso, muy alentador. Es cierto q cuando descubres la parte positiva, por pequeña q sea, todo cambia. En tu cabeza algo hace un "click", y ahi empiezas a levantarte. La gente me mira raro cuando digo q agradezco a la vida todo lo q paso con Jael…pero es la verdad. Porq gracias a el soy lo q soy ahora, y porque me siento una mami super especial.
    Felicidades por tu blog, lo añado a mi lista de favoritos!
    Un abrazo muy grande

    1. Gracias, Sonia. Ese click tan necesario que marca un punto de inflexión en el duelo y en la vida.Jael te ha hecho quien eres y qué grande y especial te intuyo tras tus palabras. Me reconflrtan y me animan, poco a poco el dolor se ira mitigando y quedarà el amor y el legado de sabiduría. Gracias! Un gran abrazo!

  3. Precioso, Alicia! Dices unas verdades como templos, me siento 100% Identifacada con todo, estoy segura que tus palabras ayudan mucho a las personas que se encuentran transitando por ese duro camino en estos momentos. Muchas gracias por compartirlo con todos. Un abrazo.

  4. Hola Alicia. Los pelos de punta de la emoción al leer este artículo lleno de belleza, vida, sentido, autenticidad… Eres una gran escritora, porque consigues emocionar con cada párrafo, cada palabra, consigues transmitir a la perfección eso que sientes. Eso es escribir bien, no elegir las palabras más gandilocuentes o las más raras. Por favor, créetelo y anímate a crear, pues eres creativa y llena de dones inmensos.

    Y muchas gracias por mencionarme. La verdad fue maravilloso volver a vernos el otro día. Además el museo es una maravilla y el jardín increíble. La guía nos contó que ese jardín está inspirado en la Alhambra y los jardines valencianos, que nada ahí es casualidad.

    Un abrazo enorme y sigue regalándonos tu luz y tu belleza. La vida es muchas veces termendamente injusta, pero tu ejemplo de superación y valentía es inmensamente inspirador. Violeta tiene suerte de tener una mamá como tú. Besitos guapa!

    1. Oooh María, no vale hacer llorar! Muchas gracias de todo corazón. Ya sabes que te admiro y tus palabras me animan a seguir y a creer un poco más en mí. Gracias por todo lo que me aportas y los ratitos buenos que hemos compartido.Muas

    1. Gracias, Eva. Siempre me acuerdo de aquella mujer de más de 90 años de tu boda que todavía escuchaba los llantos del bebé que se le murió.
      El recuerdo perdura, el dolor se mitiga, el amor crece.
      Centrémonos en lo positivo.
      Un besote

  5. Yo siempre digo que a pesar de los pesares, por muy mal que estemos (o por muy bien que estemos), todos deberíamos tomarnos 2 minutos para respirar hondo y grabar en la mente un pequeño detalle que nos haya hecho felices ese día, ver el sol o la luna, escuchar los pájaros trinar entre el ruido de la gran ciudad…
    Besos!

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