Felices seis, mi valiente!

Mi querida Olivia, niña soñada, hija del alma…

Siempre, en tu cumpleaños, hemos ido a la naturaleza a encontrarte, a honrarte, a colgar tu nombre en el viento, a dejarlo mecerse en las ramas, a pintarlo con tiza en las rocas , a formarlo con conchas a la orilla del mar…

Hoy estamos encerrados, en este tiempo mudo y sordo del confinamiento, en este paradójico  aislamiento del mundo hiperconectado.

Cómo encontrarte a ti así, erizo de montaña?

Tú que eres de agua y de nieve, tú que besas como el musgo, tú que acaricias como mariposa, cómo encontrarte en un piso en medio de la clausurada y amortajada Madrid?

Buscando dentro de nosotros, Olivia, porque somos naturaleza, el cosmos entero reside en nuestro cuerpo, mente y espíritu.

Ahí estabas tú. Ahí estaban todos los regalos que no quería que te faltaran en este día, mi amor.

 

Cuando todo sea caos y miedo, cuando todo sea ansiedad y desesperación, cuando veas violencia por atentados o muerte y más muerte por una pandemia, no te dejes vencer, que nada te quite la fe en el género humano y en la vida. No mires a los que matan, no te quedes con los insolidarios, con los egoístas o los ignorantes. Abre bien los ojos y el corazón y observa, cuánta gente verás ayudando. Dando todo para salvar a otros, para que la vida se preserve. Cada uno ayudará desde donde sepa, verás gente que dona dinero, otros tiempo e ingenio, máscaras de buceo, horas de costura de mascarillas, verás gente protegiendo a los más débiles.

Siempre, en medio del caos, hay quien se queda a ayudar. Son los cimientos sólidos de la civilzación.

Hija, pensaba en qué regalarte en estas circunstancias. Era en esos paseos en la naturaleza donde encontraba belleza que envolver con el papel de mi amor y hoy no sabía qué hallar para entregarte.

¿Qué belleza puedo descubrir en una pandemia? ¿Qué hay de hermoso en medio de la muerte y el pánico?

La belleza de la valentía.

En tu lápida reza, ” A las más amada, dulce, bella y valiente”.

La muerte lo tuvo difícil contigo. Tú fuiste valiente y luchadora. Tú me diste un ejemplo, Olivia, de cómo la vida se aferra a este plano, de cómo algo habrá aquí por lo que merezca la pena luchar.

Hay muchos valientes , Olivia, cuidándonos ahora. Muchos que ni siquiera lo sabían y eran héroes. Les ha tocado ser héroes.

Mamá tiene miedo. Hasta de salir a la compra. Siempre fui miedosa. Tú te reirías de mí con cariño, como hacen tu padre y tu hermana muchas veces cuando me asusto por tonterías. Y sin embargo hoy, lo he visto claro, aquí, no queda otra que ser valientes.

Cada uno lo será dentro de su vivencia.

Quizá yo pueda ser valiente para vivir el día. Nosotros, tu familia, ser valientes en nuestro encierro, sostener el ánimo, dar lo mejor de nosotros, por tu hermana, por los demás.

Tenemos suerte, es un encierro cómodo, nada que ver con el que vivieron escondidos durante la guerra o el de los  judíos ocultos en la Alemania nazi.  Nada que ver, dentro de la propia España, con el de los que viven solos, o en casas frías, insalubres, sin entretenimientos, sin dinero para comprar comida, sin parientes o amigos  con los que conectar. Nada que ver con el de las maltratadas encerradas con sus maltratadores, o con el de los enfermos mentales, o  el de personas dependientes que de pronto se quedan sin ayuda, o el de los ancianos confinados en las habitaciones de las residencias, o el de los propios contagiados  aislados en su hogar con la zozobra de no saber qué será de ellos.

Y apesar de ser un encierro cómodo, qué fácil es perder la compostura, caer en la queja, en la mala gana, en el hartazgo y la desidia, en la desesperanza. También para esta misión de estar confinados  hay que ser valientes.

 

Ahora que tu hermana está aprendiendo a escribir, te ha hecho una tarjeta de felicitación. También te hemos pintado unas piedras con forma de corazón. Violeta y yo. Son las piedras que estaban en tu jardín y el tiempo ha ido desgastando, primero el color y después las palabras que llevaban escritas. La idea era llevártelas, allí donde descansa tu hermoso cuerpecito, a los pies de la Maliciosa. Y la lluvia y el viento las volverían a borrar con el paso de los meses y nosotras volveríamos a pintarlas en un diálogo que va y viene, incesante, como la charla del mar.

Y hemos decorado una pared, poniendo el cuadrito que hice para ti, para tu habitación, cuando estabas en mi barriguita.

 

No hemos podido, lógicamente, ir a visitarte. Teníamos varias cositas guardadas para tu pequeño jardín. Algunas de tu tía Mónica. Confío en que pronto esta niebla extraña levante y volvamos a ver el sol. Y allí regresaremos, a ver brillar tu estrella.

Muchos habrán muerto para entonces y espero, Olivia,  que nosotros seamos de los afortunados que sigan vivos, cuidando de tu preciosa hermana, que tanto te quiere y te habla. “Hoy es el cumpleaños de mi ángel” le ha dicho a su amiguita en una video llamada.

Olivia, pienso en cómo viví yo mi duelo contigo. Yo pude acompañarte, sostenerte en mis brazos temblorosos de madre rota, contra mi pecho de leche derramada, y me pude despedir de ti, enterrarte y honrarte. Cómo me parte el corazón saber que todos los que mueren ahora lo hacen solos si no fuera por nuestros maravillosos sanitarios, cómo me parte el corazón saber que los familiares no pueden ni enterrarlos, ni besarles, ni despedirse. Cómo me duele pensar en el Palacio de Hielo como una morgue y que ya esté la Ciudad de la Justicia esperando el mismo fin.

¿Qué tiempos son estos, Olivia?,  ¿Qué distopía futurista es esta película horrenda que vivimos?

Tú que lo ves todo con tus ojos de estrella, desde tu sabiduría infinita, desde tu perspectiva global y atemporal, ¿qué nos aguarda?, ¿Qué sentido tiene esto, hija?

Sé que nos hablan de la naturaleza buscando su equilibrio, del aire limpio de la ciudades, del agua cristalina de los canales de Venecia y no niego que desde luego, como especie, en general , tenga justificación que nos llegue esta pandemia. Que hemos esquilmado los recursos, que hay un consumismo feroz, que hemos perdido valores, que hemos envenenado el planeta.

Pero, ¿sabes? A nivel individual, ¿qué culpa tienen los que mueren y sus familias? Gente buena a la que esta plaga se lleva de un día para otro mientras que los ricos y oligarcas, los dueños de los emporios contaminantes y los corruptos, pasan este confinamiento en sus mansiones y jardines, bien atendidos por su séquito de sirvientes.

No. No se merecen las víctimas esta muerte a manos de este enemigo silencioso e invisible. 

Veo a la gente luchar, Olivia, arrimar el hombro, ser solidarios. Y eso me conmueve. 

Esa valentía es la que te regalo, la misma que tú tuviste, la misma que quiero que me contagies.

Ese virus, amor mío, es el que debe extenderse. El virus de la Valentía y la solidaridad.

Yo no dejé que tu muerte fuese en vano, ese fue mi compromiso.

Espero que este mundo no permita que tantas personas mueran sin extraer de ello una potente lección y que honremos a los que se fueron con el nacimiento de una nueva era.

Felices seis, mi valiente!!!

 

6 comentarios

    1. Mi muy querida amiga, qué bien has sabido estar presente cuando te necesitaba y ni quisiera lo sabía. Tus tarjetas hechas a mano, tus erizos artesanos y decorativos, tus cuadernos de mandalas, tu AMISTAD, gracias de corazón

  1. Felicidades,Olivia!!! Y felicidades a ti también Alicia, por tu valentía.
    Gracias,por poner esta conversación por escrito,para que podamos leerlo. Saludos a toda la familia

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