La inteligencia de ser feliz

Tradicionalmente, en nuestra sociedad se ha asociado la seriedad con una mayor inteligencia. Intelectuales de todos los campos, ciencias y humanidades, suelen ser incitados a posar para sus fotos públicas sin sonreir, como si a estas personas sesudas, con mentes ocupadísimas, repletas de datos y sapiencia se les supusiese una formalidad y una circunspección alejada de la sonrisa.

De alguna forma no explícita se exige a las figuras de autoridad esa ausencia absoluta de humor, como si generasen más confianza de este modo, como si así les considerasemos más capaces de realizar su tarea con rigor . Serios han de ser los políticos, médicos, policías, profesores, científicos, etc.
Incluso es habitual leer en demandas de trabajo “Señora seria y responsable se ofrece para…”
¿Es indisoluble el binomio seria y responsable? , ¿No se puede ser responsable sin ser serio?
Así, en la vieja Europa todavía nos sorprende ver al presidente de  E.E.U.U. mostrando su lado divertido y ocurrente en programas televisivos.

Lamentablemente, hay un adjetivo unido a sonrisa y es bobalicona: “Con una sonrisa bobalicona dibujada en el rostro”, lee uno muy a menudo. ¿Es de bobos ser feliz?

Pero lamentablemente no sólo es la seriedad lo que se asocia a una mayor inteligencia. Especialmente en el mundo artístico y literario, la depresión, la ansiedad, las adicciones y otros transtornos psicológicos son considerados síntoma de la sensibilidad del artista, un alma torturada, incapaz de adaptarse a la sociedad pues es en cierto modo superior  al común de los mortales.
De adolescente, yo misma no pude evitar asumir esa consideración y ser feliz pasó a parecerme propio de personas superficiales, que se contentaban con poco, que no ahondaban en las profundidades del alma.
A los científicos, por otro lado, se les perdona también su inadaptación social. El estereotipo del científico, perpetuado por novelas, películas y series de televisión, es el de personas tan inteligentes que viven para su ciencia, absortos en un mundo de números, son olvidadizos, se muestran ausentes, carentes de empatía y de habilidades sociales, sin interés por su aspecto físico, etc.  También ellos son  considerados superiores al común de los mortales.

Afortunadamente, desde hace unas decadas y gracias a estudios como los de Daniel Goleman, vamos ahondando en nuestro cerebro y comprendiendo que la inteligencia es mucho más que competencia intelectual. La capacidad de adaptarse al medio es la muestra verdadera de inteligencia. También el humor es considerado prueba de esa inteligencia. La inteligencia emocional y la inteligencia social son claves en el desarrollo del ser humano.  Y lo mejor de todo es que se pueden potenciar y entrenar.

Elíge ser feliz, elige encontrar motivos para sonreír cada día, no temas al juicio, no temas introducir el humor en tu vida. Mucha gente esconde precisamente su falta de capacidad o su inseguridad bajo una férrea seriedad  para evitar mostrar esa vulnerabilidad.

Ser feliz es un trabajo que exige de nuestra inteligencia tanto o más que cualquier otro de los considerados serios. Y se puede aprender a ser feliz. Todo empieza con una decisión y una afirmación: “Quiero ser feliz” y después, por supuesto, realizar todas las acciones necesarias para lograrlo. En ese viaje apasionante, lleno de retrocesos, caídas, fracasos y dolor, está la verdadera inteligencia. Disfrutar del proceso, del cambio paulatino y sutil, observar para comprender, entrenar nuestra mente en positivo…

 

Quien haya estado en las profundidades del dolor sabe que no es nada inteligente quedarse ahí.

Y aunque la ausencia de mi hija duela, aunque llore muchos días, aunque haya momentos difíciles, decepciones, obstáculos, tensiones, miedos… Nunca me rindo porque

Me gusta mucho más el mundo desde que me paseo por él con una sonrisa bobalicona pintada en mi rostro. 


 

7 comentarios

  1. Así es, igual que en el mismo duelo, no se pierde dolor ni respeto al que se fue por recuperar la sonrisa.Se sonríe precisamente por ese amor que les tenemos. Y el humor nos salva y nos cura muchas veces, por cierto que esas risas de las cenas nos han hecho mucho bien! Miss you!

  2. Toda la razón Alicia, no es inteligente quedarse en las profundidades del dolor y precisamente por eso sabemos la inteligencia que demuestra el querer ser feliz e intentarlo. Y no por eso queremos menos a nuestro ser querido, pero ya sabes que al principio cuesta y mucho. Lo importante es no rendirnos! Un abrazo

    1. Así como lo dices, María. Cuesta tanto al principio que parece imposible que un día avancemos, pero lo importante es perseverar y tener el deseo de volver a vivir, aceptando, eso sí,toda la tristeza y retrocesos que hay por el camino. Un abrazo enorme

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *