Lo que nadie te cuenta sobre un embarazo ectópico y cómo afrontar el duelo después. Mi historia personal por Tania

Aquí llega Tania Carrasco, una mujer de bandera, con cuya forma de ver la vida  conecté en seguida. Me encanta su proyecto, lleno de honestidad, la misma con la que viene hoy a El planeta de Olivia y Violeta a compartir su historia. Con la admirable Tania os dejo.

El duelo después de un embarazo ectópico, o después de cualquier embarazo en el que el bebé no llega a nacer, es algo a lo que muchas mujeres no le dan la importancia que tiene.

Puedes pensar que al no haber tenido al bebé entre tus brazos, nunca existió.

En el caso de los embarazos ectópicos, la madre casi no ha tenido oportunidad de sentirse madre, por lo que tras la pérdida del bebé el duelo parece no tener sentido.

Eso era justo lo que yo pensaba…

¡Qué equivocada estaba!

 

Hola, mi nombre es Tania y, desde mi proyecto online RevolucionaT, ayudo a las mujeres a liberarse de sus complejos para sentirse libres.

Hace ya bastantes meses que sigo el trabajo de Alicia. No recuerdo cómo llegué hasta ella, pero sí recuerdo que su historia y su sensibilidad me conmovieron y no dudé en ponerme en contacto con ella en ese mismo momento.

Aunque hace muchos años del embarazo ectópico que sufrí, hace muy poco que me di cuenta de que no le había dado la importancia que realmente tenía y que arrastraba un duelo que afectaba a mi vida en general.

Me gustaría mucho contarte mi historia.

 

UNA NIÑA QUE NO QUIERE SER MADRE

Desde chiquitina he renegado de la maternidad. Ni quería casarme, ni ser madre, ni nada que sonase a convencional y socialmente establecido como el papel que debe cumplir una mujer.

Es más, tenía clarísimo que si en algún momento me quedaba embarazada sin que fuese algo voluntario, no tendría problema en interrumpir el embarazo como fuese.

¡Qué fácil es hablar cuando no has pasado por ello!

Con aproximadamente 24 años, soltera e intentando superar la ruptura con la pareja más larga que he tenido hasta el momento, tenía una vida sexual bastante activa y no siempre segura.

Un día cualquiera, empecé a manchar las braguitas con un líquido oscuro, al mismo tiempo que sufría fuertes dolores abdominales.

Como mis reglas siempre habían sido bastante dolorosas, pensé que se debía a eso y no le di importancia.

Pasaron los días y como el manchado y el dolor no remitían, decidí pedir cita con mi médico de cabecera.

Cuando llegué a la consulta, el doctor me examinó en un momento y me mandó directamente al hospital, sin darme ninguna explicación.

Así que allí estaba yo, una nenita, sola, en la sala de maternidad, totalmente ajena a lo que iba a suceder.

Cuando me di cuenta de que donde me habían mandado era a urgencias de maternidad, simplemente pensé sería porque los dolores estaban relacionados con mis fuertes reglas.

En ningún momento se me pasó por la cabeza que pudiera estar embarazada.

Después de algunas horas de ver parturientas salir y entrar, me tocó el turno.

En la sala, una ginecóloga súper joven, inspeccionaba mis bajos con cara de mala leche.

“Bueno, lo que te pasa es que estás teniendo un principio de aborto”, me dijo de repente. 

Shock absoluto.

No sé qué cara se me pondría pero la ginecóloga volvió a intervenir inmediatamente y me dijo: “Por la cara que has puesto deduzco que no sabías que estabas embarazada”.

Efectivamente, no solo no lo sabía sino que ni siquiera lo sospechaba.

“Yo no quiero ser madre”, le dije.

“Pues que sepas que el aborto no está permitido en España, así que te vas a casa, reposo absoluto, y en 15 días te vas a tu médico de cabecera a que te siga el embarazo”, sentenció la doctora con la misma sensibilidad que un asesino en serie.

¡Y me manda a casa sin hacerme ni una mísera ecografía!

Pero no estaba yo, en ese momento, para darme cuenta de esos “detalles”.

Salgo del hospital destruida, llorando como nunca lo había hecho, de repente el mundo se me caía encima.

 

MENTE FRÍA Y CORAZÓN CONGELADO

El berrinche no me duró mucho, no soy de las que se regodean en el fango.

Después de hablar con mis mejores amigas, encuentro el consuelo que necesitaba y me voy para casa.

Cuando conseguí calmarme, mi razonamiento fue el siguiente:

“Si yo no quiero ser madre, estoy embarazada y teniendo una amenaza de aborto, y me mandan reposo absoluto…¡lo que tengo que hacer es lo contrario y así lo perderé de forma espontánea!”.

Así que, yo que en ese momento trabajaba como monitora de gimnasio, hago caso omiso a las recomendaciones médicas y me voy a trabajar.

Fue realmente dramático verme encima del escenario, dando una clase de step, mientras me acurrucaba en el suelo a sujetarme la barriga por los intensos dolores.

Fue imposible seguir mi plan y tuve que darme de baja porque los dolores eran insoportables.

Ya de baja,

  • Tan pronto me pasaba las horas pensando qué narices iba a hacer con esa cosita que estaba creciendo dentro de mí.
  • Como me pasaba el día de compras, haciendo que no pasaba nada, como si la cosa no fuese conmigo.

¡Totalmente trastornada y sin la información adecuada!

 

CUANDO BARAJAS TODAS LAS POSIBILIDADES

Mis amigas, que me conocían bien y sabían que lo último que yo quería en este mundo era ser madre, me piden cita en una clínica de interrupción del embarazo para que fuese a pedir información.

No sólo me piden la cita sino que se las ingenian para acompañarme.

Una vez allí me hacen la primera ecografía. El útero parece limpio y me recomiendan que vuelva al hospital a que me hagan más pruebas porque sucede algo raro.

Aún nadie ha mencionado nada de embarazo ectópico, ni yo lo había escuchado en mi vida.

Inmediatamente vuelvo a urgencias al hospital y ahí empiezan las pruebas.

Después de 5 ecografías con 5 ginecólogas diferentes, consiguen encontrar una manchita en mi trompa izquierda.

“Lo sentimos, lo que tienes es un embarazo ectópico que no se puede llevar a término”, me comenta la última ginecóloga.

¡Por fin las famosas palabritas!

Embarazo-ectópico.

Cuando me explicaron que no podría ser madre, me faltó pegar saltos de alegría.

¡La naturaleza había decidido por mí!

 

Yo que tenía tan claro que si algún día me pasaba algo así interrumpiría el embarazo, llevaba días llena de dudas, barajando todas las posibilidades habidas y por haber.

Cuando sentí que había algo con vida en mi interior, dejé de ser tan valiente. Ya no tenía tan claro si lo mejor era abortar o…seguir hacia delante.

 

Y como yo no tenía nada claro, me alegró muchísimo que las cosas sucediesen así. Yo ya no tenía que tomar ninguna decisión.

 

LO QUE NADIE TE CUENTA SOBRE UN EMBARAZO ECTÓPICO

Jamás había escuchado hablar de tal cosa, no sabía que existía, y lo único que me dijeron es que el embarazo no se podía llevar a término porque estaba teniendo lugar fuera del útero.

Eso es un embarazo ectópico, punto.

Pero hay demasiadas cosas que nadie te cuenta:

  • Además de que el feto va a morir necesariamente, también es una de las primeras causas de mortalidad de las madres en las primeras semanas de embarazo.
  • Nadie te cuenta que si tu trompa revienta puedes tener una hemorragia interna que te causará la muerte.
  • Tampoco te cuentan que tus probabilidades de fertilidad se reducen entre un 10 y un 15%.
  • No te explican que si no te cuidas puedes quedarte sin tu trompa, sin tu ovario y sin muchas otras cosas más.

¡Eso da igual! Total, si las mujeres lo aguantamos todo…

Si a la primera ginecóloga que me atendió de urgencias y descubrió que estaba embarazada, le hubiese dado por hacerme una ecografía como es normal, no hubiese arriesgado mi vida yéndome a trabajar, pensando que era lo mejor para que el aborto siguiese adelante.

Sí, de acuerdo, soy muy bruta, pero desde luego no quería morir.

Si me hubiesen hecho las pruebas pertinentes desde un primer momento y me hubiesen explicado correctamente lo que estaba pasando, mi comportamiento habría sido muy diferente.

  • No me habría pasado días comiéndome la cabeza decidiendo si seguir adelante o no con el embarazo.
  • No me habría ido a trabajar pensando que “simplemente” tenía una amenaza de aborto.
  • No habría arriesgado mi vida, inconscientemente, por no tener la información adecuada.

 

TODO LO QUE VINO DESPUÉS

Supongo que el procedimiento habitual en estos casos, como me pasó a mí, es medicar a la paciente para que el aborto se produzca sin tener que realizar ninguna intervención quirúrgica.

La hormona del embarazo va bajando lentamente y los dolores y sangrados remiten poco a poco.

En mi caso, a pesar de la medicación con la que me mandaron a casa, los síntomas eran cada vez peores.

Ingresé varias veces en urgencias, y varias veces salí igual que entré: con más medicación y sintiéndome ignorada.

En el último ingreso, retorcida de dolor, decidieron darme una habitación con la posibilidad de operarme si la cosa no mejoraba.

Pasé varias noches en el hospital, noches que apenas recuerdo porque lo viví todo como si no fuese conmigo.

 

LA VERGÜENZA

Con el tema de los duelos se habla mucho de la culpa, pero lo que yo sentía era vergüenza.

De hecho, tan directa y transparente que soy, pedí a mi familia que ocultasen la verdad y dijesen que era simplemente un quiste en un ovario.

No quería que la familia de mi ex novio supiese la verdad y dejase de quererme. Eso era lo único en lo que pensaba en ese momento.

Así que no recuerdo las visitas que recibí, ni lo que los médicos hablaron conmigo después, ni las horas muertas en el hospital con mi madre…No recuerdo casi nada de los días en el hospital.

Lo que sí recuerdo es el dolor intenso de la noche antes de la operación.

Ese día, mi madre estaba agotada de tantos días en el hospital, así que fue mi mejor amigo quien se quedó al pie del cañón, sujetando mi mano cuando me retorcía de dolor.

Cada vez que llamábamos a la enfermera, cuando le daba por venir, me decía que me dolía tanto porque estaba muy nerviosa.

Yo, como buena paciente, aguantaba como podía. Si lo decía la enfermera sería verdad.

Aunque, en el fondo, yo intuía que esos dolores no podían ser normales.  

 

EL DESENLACE FINAL

A la mañana siguiente, bien temprano, vino a verme la ginecóloga.

Cuando me preguntó cómo estaba, le conté que había pasado la noche con unos dolores terribles pero que la enfermera decía que eran nervios.

Frunció el ceño y llamó a la enfermera: “¿Por qué no me avisasteis anoche de que esta chica estaba con tantos dolores?”.

La enfermera, con cara de póquer, agachó la cabeza.

A los pocos minutos, una camilla me recogía para llevarme a quirófano.

¡Iban a operarme de urgencias!

Horas después, me faltaba la trompa de Falopio izquierda y tenía la panza como si el bebé estuviera a punto de nacer.

  • Después de tanta negligencia
  • De no conseguir solucionarlo con la medicación
  • Y de obviar los terribles dolores de la noche anterior a la operación

¡Tuvieron que extirpar el problema de raíz!

Tampoco recuerdo mucho más…

  • No sé cómo llegué a quirófano.
  • No recuerdo el momento de la anestesia.
  • Casi ni recuerdo el post operatorio.

Lo que sí recuerdo es que el día que me dieron el alta, mi familia me acompañaba a recoger el ordenador que había dejado reparando antes de ingresar en el hospital…

Lo que no tenía nada que ver con mi embarazo sí que lo recuerdo.

 

¿BORRÓN  Y CUENTA NUEVA?

Desde luego que intenté olvidarme de todo aquello…Lo viví por encima.

Prácticamente el único recuerdo que guardaba era el de las 3 cicatrices que marcaban mi vientre.

Solo lloré el día que me dijeron que estaba teniendo una amenaza de aborto.

Después no hubo más dramas, le quitaba hierro al asunto con mi ironía habitual.

Tampoco era consciente del alcance que todo aquello tendría para mí.

Creí lo que me decía todo el mundo: “No era para tanto”.

Ahora que te lo cuento, es cuando me he dado cuenta de cómo borré de mi mente aquellos momentos.

Los días posteriores tampoco los recuerdo mucho, excepto el momento en que vinieron a verme todas mis amigas y no sabía qué decirles.

¡Ni siquiera sabía quién podía ser el padre!

Pero seguí con mi vida como si nada hubiese pasado.  

Total y absolutamente como si nada hubiese pasado.

 

EL DUELO DESPUÉS DE UN EMBARAZO ECTÓPICO

Como no sabía nada de maternidades, ni me interesaba, no me esforcé por sanar el duelo, ni me sentí madre en ningún momento.

Y aunque a veces puedas pensar que aquello en lo que no crees no existe: si te falta una pierna, te falta una pierna, y si has estado embarazada has sido madre.

Esto lo supe muchos años después, cuando haciendo diferentes terapias el tema de mi embarazo salía como algo recurrente.

Yo nunca lo mencionaba porque no lo tenía en mi memoria, no lo recordaba o, más bien, no le daba la importancia que merecía.

Hasta que un día un terapeuta, al verme las cicatrices, me preguntó. Cuando le conté de qué eran, me dijo:

“Aunque no tengas al bebé contigo, para tu alma ya has sido madre. Tú ya has sido madre”.

Esa frase cambió mi vida y mi forma de ver aquella historia.

¡Era madre, había sido madre!

¡Había sido madre y había perdido a mi bebé!

Me costó poco entender lo que me decía aquel terapeuta porque en ese momento, bastantes años después, ya estaba preparada para escucharlo.

Había llegado el momento de hacer el duelo, de sanar aquella herida.

 

CÓMO AFRONTÉ MI DUELO

Las constelaciones familiares y la biodescodificación, fueron las herramientas que me ayudaron a sobrellevar el duelo.

Aunque creo que aún hay una parte de mí que sigue borrando todo lo que tiene que ver con aquel suceso.

Sin embargo, lloré.

Lloré como nunca antes lo había hecho.

Lloré y abracé a mi bebé, pidiéndole disculpas por no haber sabido hacerlo mejor.

Lloré y lamenté no haberle conocido, no haberle podido abrazar de verdad.

Mi niño (no sé por qué siempre he tenido claro que era un niño) estaba conmigo y me acompañaba siempre, hasta cuando no era capaz de verlo.

Las 3 pautas que más me ayudaron a superar mi situación, aunque fuese muchos años después, fueron las siguientes:

  • Asumir lo que te ha pasado.

Has sido madre y has perdido a tu bebé, pero tienes que seguir hacia delante y cuando pase el duelo lo conseguirás.

  • Gestionar la culpa y la vergüenza.

Tanto la culpa y la vergüenza como cualquier otra emoción de las que consideramos negativas, se pueden gestionar para que jueguen a nuestro favor.

La culpa tiene sentido cuando realmente has hecho algo mal. En este caso, un embarazo ectópico se puede deber a muchas causas. Si crees realmente que tú tienes la culpa, en lugar de victimizarte asume tu “error” para intentar no volver a cometerlo, no para que te destruya por dentro.

En cuanto a la vergüenza, reflexiona acerca de por qué sientes esa vergüenza. En mi caso, la vergüenza tenía que ver con personas muy concretas y por razones muy obvias (quería volver con mi ex pareja).

De no haber sido por eso, me hubiese dado igual contar abiertamente lo que me estaba pasando.

  • Y hacer el duelo de la manera que más te alivie.

Siempre que pierdes a alguien hay que hacer un duelo para sanar esa herida. Con un bebé que no ha nacido pasa lo mismo, hay que despedirse de la mejor manera que tengas.

No puedes hacer como que no ha existido nunca.

 

Esas son las pautas que creo más acertadas para poder seguir adelante con tu vida después de perder un bebé de esa manera.

Al menos, esas son las etapas por las que yo tuve que pasar para intentar superarlo.

 

CONCLUSIONES

Nadie puede saber cómo actuará en una situación que no ha vivido.

Por eso, yo que era tan defensora del aborto, tuve muchas dudas cuando me tocó vivirlo en mis propias carnes.

Como la vida decidió por mí, el sentimiento de culpa no fue tan grande como el que arrastraría si hubiese decidido interrumpir mi embarazo voluntariamente.

¡Qué agradecida estoy de no haber tenido que tomar esa decisión!

A veces me acuerdo de él…y me da rabia no ser capaz de concretar los años que tendría…Puede que 9, puede que 10…¿o serían 11?

Me encantaría tener más recuerdos de aquellos meses, más conciencia de todo lo que pasó y, en el fondo, me encantaría tener a esa hijo conmigo.

No te pienses que los bebés que no llegan a nacer no son importantes en tu vida, porque siguen formando parte de ti y es una herida que hay que sanar.

Si pasas por alto lo que implica un aborto a nivel emocional, arrastrarás diferentes problemas a lo largo de tu vida que no sabrás de dónde vienen.

Por favor, si has perdido a algún bebé que no ha llegado a nacer, hazte consciente de que ese duelo también hay que pasarlo.

Elige que tu bebé siga contigo, dentro de tu alma, de una forma sana.

  • Reconócele su lugar: ponle nombre, recuerda su edad…
  • Hazle saber que lo tienes en cuenta.
  • Si sientes la necesidad, pídele perdón por no poder tenerlo contigo.

Cualquier cosa que te permita sanar esa herida y aceptar la situación como lo que es, será muy beneficiosa para ti y para tu bebé.

Y, por supuesto, trabaja tu autoestima. Si tienes una autoestima sana, cualquier situación que tengas que afrontar en la vida será más fácil.

Desde el momento en te amas a ti misma, de verdad, la vida se ve de otra manera.

Justo para eso, me gustaría hacerte este regalo. ¡Disfrútalo mucho!

 

Y ahora, cuéntanos…

¿Has vivido alguna situación parecida?

¿Sabías lo que era un embarazo ectópico?

¿Has tenido que afrontar algún duelo de este tipo?

¡Te esperamos en los comentarios!

Un abrazo enorme

21 comentarios

  1. Guau Tania, tu historia me ha dejado sin palabras. He leído el artículo de principio a fin conteniendo la respiración. Te sigo desde hace tiempo y no tenía ni idea de que habías pasado por eso.
    Gracias por compartirlo y gracias también a Alicia por crear este espacio en el que convertir el sufrimiento en aprendizaje y ayuda para otras mujeres.
    Un abrazo a las dos!

    1. Hola Eva!Qué alegría tenerte por aquí, ésta es tu casa, ya lo sabes. Has dado en la diana cuando dices “No tenia ni idea de que habías pasado por esto”. Y es que no hablamos, vemos a las demás mujeres y no imaginamos ni por asomo las historias de dolor que pueden llevar detrás. Somos tantas con historias difíciles en torno a la maternidad que creo que una pequeña revolución es irnos dando voz y haciendo red. Gracias por formar parte de ella.
      Un abrazo de expat a expat!

    2. Hola Eva!

      Qué alegría charlar contigo de nuevo…

      La verdad es que esta historia no la conoce mucha gente y ya tenía ganas de soltarla. Me ha resultado muy sanador poner por escrito una parte de lo que viví, porque me he hecho consciente de lo bien escondido que tenía todo ese dolor.

      Tengo el convencimiento de que esta historia puede ayudar a muchas mujeres o, al menos, así lo espero.

      Yo, que soy tan clara por lo general, oculté esto casi inconscientemente durante muchos años porque no supe gestionarlo.

      Ahora lo sé, puedo hablar de ello y puedo deshacerme del dolor poco a poco.

      Gracias por dejarnos tu comentario preciosa.

      Un abrazo

  2. Hola Alicia!

    Te lo he dicho en privado pero quería hacerlo en público también.

    Te agradezco infinito que me hayas permitido escribir este relato en tu blog, sacar mi dolor para ayudar a otras mujeres y permitirme seguir sanando mi herida.

    Eres una mujer especial y eso no hay más que verlo en tu trabajo.

    Me alegro muchísimo haber podido colaborar poniendo mi granito de arena en tu maravillosa labor.

    Un abrazo enorme y, otra vez, GRACIAS

    1. Ay, mi querida Tania! gracias a ti por compartir tu historia, tan valiente y sin maquillaje. Necesitamos hablar y soltar para sanar heridas, como tú bien dices. Es importante que se nos permita hacerlo, que nos permitamos hacerlo: Romper el silencio y acompañarnos. Un abrazote

  3. Gracias Tania por compartir tu historia, que natural y sincera eres y sobretodo valiente. jo me ha impresionado lo de los dolores tan horribles q tuviste q pasar… desde luego .. q falta de sensibilidad.. gracias tb a Alicia por estar detrás de tantas historias ayudándonos. un abrazo enorme!

    1. Hola Ana!
      Gracias a ti por leerla…
      Sí, los dolores fueron terribles pero los peores son los que quedan en el alma.

      Me gustaría que cualquier mujer que haya pasado por esto o vaya a pasar alguna vez, tenga claro que la herida es más profunda que las cicatrices de la laparoscopia. Que pueda tener algunas herramientas para superar el trance y seguir adelante de la mejor manera posible.

      Un abrazo grande Ana

  4. ¡Felicidades Tania por este gran post!

    Cada día te superas más y ¡nunca, nunca, bajas el listón! Es admirable la honestidad y la transparencia con la que hablas y la valentía para superar cada evento de tu vida. Sin duda alguna, este post ayudará a muchas mujeres que han pasado por lo mismo que tú, y seguro que, muchas de ellas, todavía lo llevan en silencio cargando con esa culpa y vergüenza de “no haberse atrevido a ser madres”.

    Como tú bien dices, el perdón es muy importante… todo lo que hacemos en la vida lo hacemos con nuestra mejor voluntad, y si no lo hemos hecho mejor es que no sabíamos, o no podíamos, o nuestro nivel de conciencia en ese momento llegaba donde llegaba. Estamos aquí para aprender y moriremos aprendiendo, ¡y con mucha dignidad! ¿No?

    Me alegro que hayas sido capaz de sacar todo lo que has sacado y eso te haya sanado. Hoy eres un poco más libre, consciente y hay más fuerza y brillo en tu mirada!!

    ¡Te mando un abrazo enorme con todo mi cariño!

    1. Gracias querida Cintia!

      Tus palabras me emocionan, como siempre.

      Es muy cierto todo lo que dices y la verdad es que cada vez soy un poco más consciente de todo lo que aprendí de aquella situación y lo mucho que me puede ayudar en mi vida actual.

      Escribir el artículo ha sido una gran liberación que espero que pueda ayudar a muchas mujeres en estos caminos a veces tan oscuros.

      Justo a raíz del artículo me han escrito varias persona que han pasado por lo mismo y que se han visto muy reconocidas.

      Le quitamos peso a las cosas que nos pasan, las saltamos sin mirarlas a veces por el miedo a seguir sufriendo. Sin darnos cuenta de que para trascender el dolor hay que atravesarlo.

      Muchas gracias por tu comentario Cintia.

      Sigue brillando.

      Un abrazo grande

  5. Mi querida Tania
    Desde que te conocí supe que eras especial. Tu fuerza, la imparable superación y contínuo crecimiento personal.
    Siempre me preguntaba de donde sale tanta fuerza? Tan dulce y la muñequita que es!!!!!
    Ahora lo sé. Eres muy fuerte porque has sufrido mucho y has aprendido a resurgir luchando como una leona!!!!
    Siento mucho, muchísimo que hayas sufrido tanto.
    Las personas tan fuertes son supervivientes de duelos.
    Seguro que si eres madre algún día, serás un ejemplo no lo dudo.
    Dejas una huella imborrable e inolvidable.
    Mil besos y un enorme abrazo.
    Eva

    1. Mi Evita!!!

      Ojo la panzada de llorar que me estoy pegando entre la escritura del artículo y vuestros comentarios.

      Supongo que soy igual de fuerte que prácticamente cualquier que pase por algo parecido. Cada persona tiene su manera de afrontar las cosas y, por qué no decirlo, yo estoy bastante orgullosa de cómo he sabido superar cada acontecimiento de los que han marcado mi vida.

      El hecho de seguir adelante, sin duda, me ha permitido crecer mucho y encontrarme por el camino con gente como tú.

      No sé si algún día seré madre, de nuevo, pero pondré el corazón si lo consigo. ¡Eso seguro! 😉

      Muchísimas gracias por tus palabras, por tu cariño, por tanto amor.

      Un abrazo enorme

  6. Hola chicas. Llegué aquí porque soy suscriptor de Tania.
    Me pasó lo mismo que a Eva. Leí este artículo conteniendo la respiración por momentos, y sintiendo la empatía que mi género me permite; ya que nunca podré conocer enteramente como se siente una mujer en una situación así.
    Ha sido una muestra de valor que ya me gustaría a mí tener para expresar abiertamente duelos pendientes del pasado y en proceso.
    Tania es una chica increíble que nunca deja de sorprederme con sus historias. Admiro su valentía y me siento afortunado de poder conocer a personas como ella.
    Un saludo y mucha fuerza con todo.

    1. Hola Fernando!

      Me enorgullece muchísimo tu apoyo y te lo agradezco con el alma.

      Este artículo ha conmocionado mucho, sobre todo porque casi nadie sabía realmente lo que había pasado en esos momentos desde el punto de vista de mi sufrimiento.

      Sí, la familia sabía que había sido un embarazo, las amistades más cercanas, pero nunca había hablado de ello tan abiertamente y dejando salir mi dolor.

      No ha sido fácil pero sí muy sanador así que totalmente recomendable 😉

      Muchísimas gracias por tus palabras Fernando! Eres encantador!

      Un abrazo muy muy fuerte

  7. ¡Hola! Felicidades por el artículo, es genial. Lo he leído del tirón…Me he sentido muy identificada con lo siguiente:

    – Yo tampoco he sentido la llamada de la naturaleza y nunca sentí la necesidad de ser madre. Es más, criticaba a las madres que estaban todo el día pendientes de sus hijos (anda que si me vieras a mí ahora…). Cuando decidimos tener a nuestros hijos, lo hicimos porque era lo que tocaba. Como cuando cumples 18 y lo siguiente es sacarse el carnet de conducir. Es chungo, pero es que realmente fue así.

    – Yo también tenía (en pasado) clarísimo que si alguna vez me quedaba embarazada sin desearlo, interrumpiría el embarazo sin pensármelo dos veces.

    – Creo que, si me quedara embarazada, no sería capaz de abortar. Como dice mi madre: “del dicho al hecho, hay un trecho”. ¡Qué fácil es opinar sin saber!

    Yo también perdí un bébé cuando estaba embarazada de nueve semanas. Lo que sentí fue tristeza y decepción durante unos días, pero nunca he sentido la necesidad de despedirme de él ni de ponerle nombre. No tengo la sensación de tener una herida que deba ser sanada.

    1. Hola Sònia!

      Después de mi aborto pasé por varias fases, yo tampoco sentía que tuviese una herida que hubiese que sanar.

      Esa idea magnífica se le ocurrió a uno de mis terapeutas, muchos años después y casi por casualidad.

      Era un hecho al que yo no le daba ninguna importancia, creía que no me afectaba para nada, que fue algo que pasó sin más, que no había motivos para darle vueltas.

      Hasta que un día, en la cama con mi ex marido (al que acababa de conocer y el cual no sabía absolutament nada), me puso las manos en las cicatrices y me dijo: “Hola mami”.

      Rompí a llorar desconsolada, ni siquiera yo sabía porqué. No podía parar de llorar. Ahí entendí que algo pasaba pero seguí sin indagar.

      Si hay algo que sanar Sònia, llegará el momento, te lo garantizo.

      Muchas gracias por las cosas que cuentas porque has sido muy sincera y seguro que muchas mujeres se sienten identificadas contigo.

      Yo ahora que soy tita lo veo mucho en el caso de mi hermana, siempre juzgándola: “Yo cuando sea madre no haré esto, yo cuando sea madre no haré lo otro…” Que era justo lo que le pasaba a ella antes de dar a luz.

      Tu madre tiene mucha razón con su dicho popular, del dicho al hecho hay muuuuucho trecho y hasta que no vives las situaciones no puedes saber a ciencia cierta cómo te vas a comportar.

      Eso me pasó cuando decidí abortar, antes de enterarme de que era un ectópico: ya no lo tenía tan claro.

      Así que lo mejor sería dejar de juzgar y juzgarnos, y empezar a vivir y a disfrutar de verdad con lo que somos y tenemos.

      Un abrazo Sònia

  8. Absolutamente desgarrador… hay que ser muy valiente para contar esto y hacerlo con tanta naturalidad que pareciera que lo hayas contado en mil ocasiones anteriores más (y no es así).
    Bravo Tania 😘

    1. Cierto, no es así!! Jajajajaaja

      Muchas gracias Susana!

      Durante años, si surgía el tema o sentía que había alguien que lo tenía que saber, lo contaba como quien cuenta que ayer fue a hacer la compra y le vendieron fruta pasada.

      Lo contaba como algo de la lejanía, que le hubiese pasado a otra persona…De hecho, hacía tanto tiempo que no hablaba del tema que prácticamente no recuerdo qué es lo que contaba cuando sentía que tenía que contar algo.

      El caso es que ya ha salido, que me he quedado agustísimo y que la idea de que mi relato le pueda servir a alguien me parecía un motivo de mucho valor para tomar la decisión de sentarme delante del ordenador y soltarlo todo.

      De hecho, la pobre Alicia llevaba meses esperando este artículo porque tuve que encontrar el momento…Me costó un tiempo decidirme a sentarme y escribirlo todo, o casi todo, porque me he dejado miles de detalles curiosos que como no servían para ayudar no los incluí.

      Muchas gracias por comentar Susana.

      Un abrazo

  9. Hola Tania,

    eres una valiente por contar una historia tan íntima y dura, pero que puede ser de mucha ayuda tantas mujeres.
    Yo no he tenido una experiencia así, pero sí a mujeres muy cercanas que han vivido algo similar. Lo que me ha llamado la atención en todos los casos es la profunda desconexión de la mujer de su esencia más profunda, de su feminidad, de su saber íntimo y natural. A medida que nos hemos ido civilizando el mundo femenino se ha ido envolviendo de culpa, verguenza e ignorancia causándonos mucho sufrimiento.
    Quizás este bebé vino para ayudarte a reconectar y reconciliarte con ello, así es por lo menos como yo lo siento.

    Te mando un abrazo muy fuerte!
    Kiki

    1. Donde habla la sabiduría no tengo mucho más que añadir 😉

      Tienes toda la razón Kiki, estamos totalmente desconectadas de nuestra esencia.

      Puede que este bebé viniese para enseñarme a volver a conectar con mi feminidad, a enseñarme que la maternidad es luz y que ser mujer es mucho más que tener una vagina.

      No lo había visto desde ese punto de vista Kiki, me ha encantado tu comentario.

      Muchísimas gracias preciosa!

  10. Madre mía, viví exactamente lo mismo, y recientemente después de 11 años otro ectopico de un embarazo buscado. Y es ahora cuando despierto de mi letargo.

    1. Hola amiga, por eso es tan importante lo que tania explica y comparte tan valientemente aquí. Tú lo expresas también perfectamente, “ahora es cuando despierto de mi letargo”. Juntas tomamos conciencia y nos sostenemos. Te deseo la mejor de las suertes en este camino de maternidad y lamento de corazón tus pérdidas. Un abrazo alado

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