Mamás sin red: Duelo por pérdida de identidad anterior a la maternidad

Cuando nace una mamá, una mujer muere.

Suena un poco drástico, ¿verdad? Permite que me explique.

La maternidad es un cambio de estado, aunque sea la misma sustancia, en poco se parece un cubito de hielo a un vaso de agua o al vapor.

Así sucede con la mujer que se convierte en madre. Para muchas de nosotras es la mayor alegría de nuestra vida y la experiencia más hermosa, pero dejamos de ser quienes éramos.

Nuestra identidad anterior a la maternidad se diluye con riesgo de desaparecer en nuestra nueva vida. Conservamos la esencia, cambiamos de estado.

Esto se ve particularmente agudizado en el caso de las mamás que no se reincorporan al mundo laboral y se dedican por completo a la crianza, como ha sido mi caso.

Cuando esto pasa, hay un duelo. Un duelo que por estar inserto en el delicioso “mundo bebé” no se trata ni se verbaliza y sin embargo puede y suele causar molestia e incomodidad a la madre (y en ocasiones transtornos más profundos). Es el duelo por la pérdida de la identidad anterior a la maternidad.

El bebé pasa a ser la prioridad absoluta de tu vida y tú, especialmente si no tienes ninguna ayuda (excepto la del padre) sencillamente te ves absorbida por completo en las nuevas rutinas.

Todas sabíamos que la maternidad iba a ser un cambio enorme y todas creíamos estar preparadas para ello, pero no es hasta que sucede cuando te das cuenta de la envergadura de la tarea que tienes entre manos. Esto no aplica a todas las madres, por supuesto. Hay mamás que de manera natural y alegre hacen esa transición a su nueva vida, sin apenas esfuerzo. También hay mamás que cuentan con la suficiente ayuda para mantener una parcela en la que seguir desarrollando los aspectos de su vida anterior, sus hobbies, sus intereses, sus cuidados.

Amigas, enhorabuena entonces, no hace falta que sigáis leyendo, pero sabed que hay otras madres a las que no les está resultando tan fácil.

 

Es difícil para el ser humano asumir los cambios y especialmente los cambios bruscos. Y más complicado todavía es adaptarse a situaciones que atacan funciones de nuestro cerebro reptiliano y más primitivo, temas de supervivencia, como la alimentación y el sueño. Una mamá que no cuenta con ayuda y se ve, de pronto, sola con su bebé todo el día, puede sentirse muy pérdida y desesperada.

Si el bebé no duerme bien (algo muy habitual) la madre arrastra un cansancio tremendo que hace que vea la realidad más oscura de lo que es. Si el bebe toma pecho a demanda, será difícil para algunas madres (ese fue mi caso) seguir unos horarios de comida, de higiene, en fin, seguir las pautas de vida a las que estaba acostumbrada. Si el bebé llora mucho, debido por ejemplo, a los temido cólicos del lactante, la situación se complica y torna desesperada porque al cansancio extremo se le suma la preocupación y el miedo.

Si, como sucede en nuestros tiempos, por movilidad geográfica, la madre no tiene familia o amigos de confianza cerca, las circunstancias de la madre pueden volverse duras y empañar la felicidad que siente por ser mamá de ese bebé adorado y bienamado.

Y después está el tema de la culpa, siempre la culpa asociada a la maternidad. La madre se siente culpable y egoísta por no estar 100% felicísima por tener un bebé precioso y sanote entre sus brazos. Se siente culpable por desear tener un ratito para poder ducharse y salir a dar un paseo, por querer hacer alguna actividad con amigas, por añorar aspectos de su antigua vida, aunque sean cosas tontas y superfluas, como ponerse maquillaje o llevar ropa que no sea de lactancia.

Todas estas cosas antes no se decían. Te miraban mal. La madre no tiene derecho a quejarse. La maternidad es maravillosa. PUNTO. Y todavía hay quien juzga las voces discordantes y se cree mejor madre que tú.

Estamos en una época de hipermaternidad. Queremos ser madres, profesoras, amigas, chef , psicólogas y monitoras de tiempo libre de nuestros hijos. Queremos ser perfectas, llegar a todo. Y escribir un blog para contarlo y tener un Instagram para reflejarlo. Ahora hay que recuperar la figura al mes de dar a luz y ser una super profesional de la maternidad además de continuar con tu trabajo.

Se da una imagen falsa de la maternidad y eso crea madres profundamente agotadas e insatisfechas que tienen la sensación de no estar haciéndolo bien cuando en realidad el problema es que están queriéndolo hacer demasiado bien.

A Little bit of too much que dirían donde vivo ahora.

Pero afortunadamente las redes sirven igual para generar presión que para aliviarla.

 

Ya hay muchas mamás que hablan sin tapujos de aspectos de la maternidad que eran tabú. Y me encanta las que son capaces de hacerlo con un toque de humor para desdramatizarlo. Creo que no hay nada peor que vivir la maternidad en soledad y silencio, sin compartir tus emociones, reteniéndolas, haciéndolas más grandes y asfixiantes. Yo me creía una mamá solitaria, pues me gustaba ir a mi aire, sin tribu, sin decantarme por una u otra tendencia de crianza, cogiendo de aquí y allá y haciéndo mi propio estilo. Me molestaba un poco todo el tema que ha florecido en torno a la maternidad, tanta escuela, tanta coach, tanto que te digan lo que tienes que hacer. Y sí, hay una parte que sigo sintiendo que no es para mí, pero hoy admito que no hay nada más bonito que tener red y saber tejerla y encontrarla cuando no la tienes.

Ser mamá es una tarea complicada y a veces nos sobrevienen crisis y emociones difíciles de gestionar en ese duelo por pérdida de la identidad anterior a la maternidad.

No he querido pintar un escenario dramático y deprimente, sólo he querido mostrar una cara de la maternidad que a veces se cubre por resultar incómoda. No hay nada terrible aquí. Se trata de un proceso de adaptación, de reencontrarnos, de dar espacio a ese pequeño duelo, de permitirnos expresarlo precisamente para alcanzar el equilibrio y una vida plena.

La buena noticia es que hay muchas maneras para reconectar con la mujer maravillosa (y ahora madre) que tú eres. No estás sola.

De este tema tan particular nos hablará próximamente la neuropsicóloga Vanessa del Pozo  en un post invitado.

Juntas es más fácil. El trabajo de recuperar tu identidad como mujer y madre es una experiencia de empoderamiento como pocas y me encantaría ayudarte.

Muy pronto te hablaré de otro duelo que atravesamos algunas mamás que es el duelo por pérdida del entorno, al mudarte o emigrar. Yo he vivido los dos, con la particularidad de mi hija es una bebé arcoíris, nacido tras la muerte física de su hermana. Por eso ahora, desde mi posición y mi óptica actual, desde ese bienestar conquistado, me siento capacitada para acompañarte en este trecho difícil del maravilloso camino de la maternidad.

¿Me dejas ser tu red?

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