Nunca se olvida

Hace siete años ya vivimos en esta misma ciudad. Entonces éramos una joven parejita que convivía por primera vez y comenzaba a enfrentarse a retos conjuntamente, pero afortunadamente no tenía ninguna preocupación mayor, aunque viésemos grandes problemas que no lo eran y nos pudiesemos permitir el lujo de gastar energía peleando por tonterías. Riñas de enamorados felices. Qué inocencia aquella…

Conocimos y disfrutamos la ciudad. Sus museos, bares y restaurantes, sus parques, monumentos, las montañas colindantes…
En uno de los infinitos paseos a orillas del viejo canal, un árbol situado junto a una de las esclusas captó mi atención.
De sus ramas colgaban adornos y a sus pies, entre las raíces, había velas y farolillos. El tronco estaba lleno de papeles. Me acerqué para ver de qué se trataba y deduje que era un homenaje a alguien fallecido, quizá alguien que se ahogó en esas mismas aguas.
Sentí pena, compasión. Soy muy sensible a la belleza y el árbol había sido engalanado poniendo mucho amor  en cada detalle, lo cual, de alguna forma, le daba mayor dignidad a la tragedia.

Al pasar en sucesivas ocasiones junto a él, lo miraba y descubría nuevos mensajes, hadas o ángeles. Tuve la sensación de que se trataba de un homenaje a un niño, pero nunca lo he sabido, aunque he preguntado a los locales y he buscado en internet, no he obtenido resultados.

2010

El otro día, paseando con Violeta  por las orillas del canal, me topé con el árbol de nuevo. Aunque llevo casi un año viviendo en esta ciudad por segunda vez, no lo había vuelto a ver. Allí seguía, hermoso homenaje. Menos adornos quizá, menos mensajes.


2016

Recordé que, al igual que ahora estoy aquí con Violeta, esta misma vida estaba pensada también para Olivia. Recordé qué inocentes éramos entonces paseando por las orillas del canal, enamorados, sin hijos, sin habernos casado si quiera. Qué poco sabíamos de la vida y de la muerte cuando vimos ese árbol por primera vez. Qué poco imaginábamos que nosotros también tendríamos un jardín mágico lleno de adornos, mensajes y flores y una hija a la que recordar, honrar y llevar en el alma.
Los años han pasado, quizá menos gente acuda a visitar el árbol del canal y dejar su pequeño tributo al que yo imagino sea un niño fallecido, pero sé que alguien sigue yendo peródicamente y lo hará probablemente hasta que la vida se lo permita. Aunque todos callasen ya, aunque ya nadie pronunciase su nombre, aunque todos den por hecho que la vida sigue, sé que sus padres seguirán homenajeándolo siempre, porque…
Nunca se olvida.

6 comentarios

  1. Por qué no dejas tú un mensaje? A lo mejor te contestan, y seguro que a quien sea le gusta que esd espíritu que allí habita no te es indiferente.

  2. Siiií Esther, fijate que lo había pensado. Voy a preparar una tarjetita hecha con scrapbook y voy a poner en el árbol un mensaje y también mi email. Quizá surja un acercamiento con otra familia, quizá no, pero mi mensaje les llegue y como bien dices, ellos sepan que no me es indiferente. Buena idea, fairy! Besotes

  3. Qué bonito el árbol! Mientras haya vida siempre habrá alguien acordándose de un ser querido, ¿cómo podríamos olvidarlo? A mi ahora aún me cuestan mucho los homenajes y recordatorios físicos, son demasiado dolorosos, pero no quiere decir que no me acuerde de mi niño todos los días y desee que estuviera aquí conmigo. Nunca, nunca los podremos olvidar…

    1. Hola María, siempre recordamos, da igual que en determinadas etapas no estemos preparados para según qué homenajes o actos, a veces es duro y uno tiene que buscar la forma que mejor le cure el corazón. Ay, si pudiésemos tenerlos con nosotras, ¿verdad? Cuando digo, Olivia, cómo me gustaría que estuvieses aquí, una voz interior me contesta, "estoy, mamá" y es sencillamente indescriptible la certeza de que así es. Un abrazo

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