¿Sabías que la vida está llena de duelos?

En la vida hay tantas pérdidas, tantos objetos, estados, situaciones, personas amadas que se desvanecen en el tiempo y dejan un vacío insoportable en nosotros…

¿Cómo rehacernos de nuevo?, ¿Somos siempre conscientes de estar atravesando un duelo?

Cuando el duelo se debe a la muerte de un ser querido, hay un respaldo social. Cuando ese ser querido era un bebé al que nadie llegó a conocer ese apoyo apenas existe. Y cuando los duelos se dan por otras circunstancias muy diversas, no son comprendidos ni autorizados.

Con mucho respeto me acerco a este tema tan complejo que es el duelo. Me atrevo a hablar sólo de aquello que conozco y a acompañar un dolor que  me es cercano. 

Han pasado más de tres años desde que Olivia murió físicamente y mi blog fue mi manera de sanar a la vez que ayudaba a a otras madres compañeras de camino. También fue un diario de miedo y búsqueda durante el embarazo de Violeta y poco a poco se fue convirtiendo además en un canto a la vida.

Por ello, de forma natural, mi camino de duelo ha llegado a un valle feraz cuyos frutos hoy sí me encuentro en condiciones de ofrecer y compartir contigo. La pena por la falta de Olivia no ha desaparecido, por supuesto, pero convivimos de un modo pacífico, sosegado, que me permite vivir plenamente y respirar hondo.

Mi corazón, pálido de horror tras la pérdida, vuelve a latir escarlata. Y siento en mí un deseo tan grande de ser un  apoyo para otras madres que están sufriendo que finalmente he gestado este proyecto que ahora os presento con iguales dosis de prudencia, humildad y pasión.

Quizá os preguntéis cuál es la idea madre de mi proyecto de acompañamiento. Pues bien, este es

Mi manifiesto:

1. Ni toda muerte implica duelo, ni todo duelo implica muerte.

2.Detrás de cada duelo está la pérdida de lo amado.

3. El duelo es parte de la vida y la vida está llena de duelos.

4. Las lecciones del duelo son lecciones de vida y no de muerte.

5. El duelo es un proceso y no un estado. Sentirse acompañado en ese proceso puede aligerar la pesada carga.

¿Hay duelo sin muerte?

Sí. Hay duelo sin muerte física. Hay duelos por pérdidas, por cambios definitivos en nuestra vida que no son sino muertes. Por más que quisiésemos aferrarnos a nuestro trocito de cómoda realidad, lo cierto es que el cambio nos sacudirá hasta obligarnos a soltar amarras. Y el cambio es pérdida, pérdida de lo conocido, de lo que creíamos tener, de lo que considerábamos nuestro. 

Perdemos nuestro entorno cuando nos mudamos, perdemos nuestra seguridad cuando acaban largas amistades, perdemos nuestro mundo tras un divorcio, perdemos nuestra identidad anterior al convertirnos en madres, perdemos nuestra confianza  al enfrentarnos a la infertilidad, perdemos nuestra certeza en la maternidad tras la pérdida  y por supuesto, lo perdemos todo ante la muerte.

La vida está llena de duelos porque el duelo y la muerte forman parte de la vida.

Las lecciones del duelo son lecciones de vida y no de muerte.

He visto como todo lo que mi duelo me ha enseñado podía ser perfectamente aplicado al resto de las situaciones de pérdida de mi vida. Y he constatado que también ayudaba a las madres que me lo pedían. Si a esas valiosas lecciones del duelo les añades técnicas de mindfulness (meditación, práctica de la atención plena), de la inteligencia emocional, de la terapia individual en duelo y del coaching puedes crear una pequeña caja de herramientas para la vida. Pero no hay que olvidar que la herramienta más importante de esa caja es la aceptación. Aceptar el dolor. Aceptar que no hay que luchar contra el dolor. Aceptar que a veces estaremos mal y que ese dolor es necesario, que no nos podemos saltar etapas.

Algo que he aprendido en mi formación y en mi propia experiencia como doliente y acompañante es que en algunos momentos del proceso hay que acompañar desde la no acción. Sí desde la escucha profunda y entregada, presente, pero sin acción. Y esto es algo que al principio resulta costoso de entender porque de manera natural deseamos aliviar el sufrimiento de los otros y con la mejor intención queremos sacarles de ese estado cuanto antes. Pero en el duelo la prisa es muy mala compañera. Mi profesora, la psicóloga Sara Losantos Ucha, gran especialista en duelo, me enseñó lo que en realidad ya sabía por mi experiencia: La importancia de respetar los tiempos en el duelo.  Todo son piezas de un puzzle que sólo el doliente puede ir encajando y todas y cada una de esas piezas son fundamentales.

La paciencia de estar y dejar ser, de plantar semillas y permitir que crezcan a su ritmo. Sólo así se produce una verdadera sanación.

Para llegar yo misma al punto de sentirme capacitada para acompañarte, he tenido que indagar y bucear muy dentro de todas mis oscuridades para finalmente reflejar luz. Y digo reflejar porque no es de mí de quien emana, sino de mi hija Olivia y los demás bebés estrella. Han sido tres años de búsqueda, de renacer, de formación,de lecturas incesantes, de acompañamiento…

He recibido tanto que siento que tengo mucho que dar.

Llegar hasta aquí no ha sido un camino fácil. No me atrevía a ofrecer mi ayuda, pensaba, ¿Quién soy yo? Sólo soy una aprendiz…  Afortunadamente la vida me ha puesto en el camino a las personas adecuadas para que yo pudiera cobrar la confianza suficiente y me adueñase de voz, de mi historia y diera el paso. Esos mentores y compañeros me han mostrado que, en realidad, todo buen maestro nunca abandona su papel de alumno, pues sólo alguien con un amor y una sed de conocimiento inmensos buscará  la manera de ofrecer siempre lo mejor de sí a quien lo necesite.

Hoy soy una acompañante de duelos, una compañera de viaje en las pérdidas y una coach para las mamás sin red.

Inicio ahora este proyecto, tras una sólida y coherente trayectoria, con ilusión indescriptible, incomparable vocación y absoluto compromiso.

Cuenta conmigo.

Un abrazo alado y no te olvides de mirar a las estrellas.

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