“Sé amable, porque cada persona que te encuentras está librando una dura batalla”. Planeta Olivia y Violeta.

“Be kind, for everyone you meet is fighting a hard battle”.
“Sé amable, porque cada persona que te encuentras está librando una dura batalla” – John Watson (aka Ian MacLaren)

 

Voy a ilustrar esta frase, (además de con las fotos anteriores, ejemplo de amabilidad balinesa), con una historia absolutamente verídica de un encuentro que “sufrí” pasados aproximadamente cuarenta días de la muerte física de Olivia.

Era la primera vez que salía de casa sola y lo hice forzada porque tenía que acudir a una consulta médica. Caminaba por la calle sin ser verdaderamente consciente de lo que pasaba a mi alrededor, mi dolor era aún demasiado grande y la vida cotidiana de la ciudad me producía una sensación de extrañamiento.

De pronto, un señor me abordó al ir a cruzar una esquina. Comenzó a hablar rápido y sin que pudiera reaccionar me colocó un objeto pequeño en el regazo, sobre la carpeta con papeles que yo llevaba. Parecía una estrategia comercial, un tanto agresiva, por cierto. No quería ser desconsiderada, además me encontraba débil, sin reflejos, ajena al mundo, replegada, y me quedé allí parada, oyéndole sin saber bien cómo salir de esa situación.

Me dijo que habían cerrado su empresa, que todos los antiguos empleados se encontraban en la calle y para sacar dinero vendían esos objetos  a unos 10 euros (no recuerdo bien qué era ni el precio exacto). Yo estaba sobrepasada por esta interacción inesperada, me sentía mareada, mi malestar iba en aumento y necesitaba irme.  Intenté devolverle el objeto (él no lo recogía), fui amable, diciéndole que sentía mucho que se viesen en esa circunstancia y le expliqué que realmente me tenía que ir porque llegaba tarde a una cita médica, pero que cuando volviese, quisiera ayudarles.
Tuve que depositar, delicadamente, el objeto en el alféizar de una ventana cercana, me disculpé de nuevo y comencé a andar.

El hombre montó en cólera: “No me estás escuchando, es para dar de comer a nuestros hijos… Eres una mala persona. Ojalá te pase algo, que te pase lo peor…”
Me di la vuelta, y sin odio, aunque profundamente alterada en mi interior, sintiéndo lo injusto de la situación, le repliqué: “¿Ojalá que me pasé algo? Mi hija ha muerto hace poco más de un mes, ¿Hay algo peor que quieres que me pase?” y me fui sin saber qué más pudo decir, porque mi cerebro sabiamente silenció su respuesta.

No reaccioné con rabia, ni con ira, como solía hacerlo siempre antes cuando sufría alguno de estos encuentros negativos y no lo hice porque vi que esta persona estaba ciega con su problema y era incapaz de entender que los demás también podrían estar atravesando su propio infierno.
Yo, a pesar de su ataque gratuito, de sus malos deseos, sí activé mis mecanismos de empatía, percibí su desesperación, su rencor contra el mundo, decidí no tomarlo como algo personal, traté de comprender que esa persona padecía estrés y ansiedad y se estaba equivocando al gestionarlos.
Pero no justifico su actitud. Ser “la víctima universal” porque nos ha sucedido una desgracia y creer por tanto que nos podemos permitir volcar nuestra rabia contra los demás es el camino fácil.
Si hubiera estado en otro momento más avanzado  de mi duelo, hubiera podido prestarle la escucha atenta y la ayuda que él solicitaba, pero no me parece justo exigirla y emanar odio cuando no la conseguimos.

 

http://elrincondeyanka.blogspot.com.es

Que tu dolor no te ciegue hasta el punto de que no te permita ver el del  resto del mundo.
Si retiramos el foco de nuestra persona y lo  proyectamos sobre los demás, nos sorprenderá ver bajo esa luz redirigida la cantidad de dolor, quizá mayor aún que el nuestro, que podemos encontrar a nuestro alrededor. Por eso, de nuevo:

“Sé amable, porque cada persona que te encuentras está librando una dura batalla”

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