Testimonio de duelo por IVE. María y Leo.

Duelo por IVE.

Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Aborto.

¿Qué te viene a la mente?

¿Secreto, pecado, vergüenza, culpa?

¿Feminista radical, mujer liberada, falta de amor maternal?

Escucha:

“Y me he animado a escribir toda esta parrafada para el blog de Alicia porque cuanto más lo hablo, o se lo cuento a alguien, mejor me siento, porque tenía que haber más ayuda psicológica o personal cualificado para según qué trabajos de cara al público, y porque en su momento me hubiera ayudado mucho saber que no era la única que estaba pasando por eso, se hizo un tabú alrededor, nadie sacaba el tema ni me preguntaba, solo –”¿Ya se te ha pasado?” –”¿Estás mejor?” – ” No pasa nada eres joven, ya tendrás otro…”

Hoy El planeta de Olivia y Violeta abre su casita a María para que cuente su aborto.  Su historia y la de Leo. Agradezco a María su valentía, su confianza en mí para hacerme el honor de contar su historia de amor y dolor en nuestro planeta.

Cuando se habla de IVE  yo veo un estigma, una cruz, una losa durante siglos sobre la mujer que aborta. Y aún hoy en demasiados lugares,  prohibición, cárcel, pena de muerte.

Yo no voy a hablar del aborto. Ni del derecho al aborto ni de los derechos del no nacido.

No me compete. No es mi espacio para este debate.

Expliqué en otros posts anteriores porqué abrí mi proyecto a este duelo.

“Yo no juzgo tus motivos, acompaño tu dolor”

Entrevista a Proyecto Kora

Mi hija Olivia dejó una luz tan brillante que no excluye a nadie.

La separación es una ficción de la mente.  En realidad, todos somos uno. Propongo  detener el juicio si quiera un instante. Dar la oportunidad de escuchar de verdad, de verse  en la otra mujer, en la otra madre que no lo llegará a ser y sin embargo lo es, pues un hijo que se aborta forma parte indeleble de la historia de esa mujer.

Y a veces esa historia duele y duele más por secreta, por callada, por enterrada.

Hay quien necesita sanarla, contarla, soltarla.

Para eso está mi espacio. Para ofrecer otra mirada sobre la IVE.

Muchos piensan que es una falta de amor y una falta de responsabilidad. Un no querer asumir las consecuencias. Un tomar el camino fácil.

Pero yo cuando hablo con María y con otras mujeres, no veo  falta de amor ni tampoco un camino fácil.

Os dejo con María:

“Mi historia empieza con 32 años, como regalo de cumpleaños (7 de julio) pedí cita en una clínica de reproducción asistida, siempre había querido ser madre pero no había encontrado un padre que valiera la pena, los maridos de mis amigas eran pegotes en el sofá que daban más trabajo que los niños, y tampoco quería engañar a cualquiera quedándome embarazada sin decírselo (como me aconsejaba muuucha gente, -en una noche loca, si no se va a enterar-)

Después de análisis y alguna prueba, en navidades podía empezar el proceso,

inseminación artificial, resumiendo…tenía que ir a la clínica en Madrid centro día sí, día no para hacer ecografías, ver la maduración del ovulo y decirme qué cantidad de hormonas me tenía que pinchar en casa. Días antes de la inseminación, tenía que hacer lo mismo con otras inyecciones diferentes para retardar o acelerar la ovulación, todo muy artificial como bien indica su nombre. Todas estas citas las tenía que organizar a primera hora de la mañana o a ultima de la tarde porque era autónoma, tenía una peluquería y no podía estar cerrando y tampoco me apetecía estar dando explicaciones, solo lo sabían unas pocas amigas, mis primas, mis padres y mi hermana. El momento de la inseminación es rápido, como una citología, te dejan en reposo unos minutos y te vas a hacer vida normal, a las dos semanas te dan cita para el análisis de sangre (14 días de beta espera). Por mucho que se intente hacer vida normal es muy difícil, la cabeza no para.

Dos semanas después a las 8.30 de la mañana estaba haciéndome el análisis de sangre, a lo largo de la mañana me llamaba el doctor para darme los resultados, que mañana más larga!!! Y el doctor tranquilamente esperó casi a la hora de comer para decirme que el resultado era negativo… vaya chasco. Y ahora a contar que no estaba embarazada…bueno no pasa nada decían todos, si pasaba, yo estaba triste. Los 1.300 euros que me había costado era lo de menos.

Siguiente ciclo, si no hay nada que lo impida al bajar la regla se puede volver a intentar, esta vez solo se lo conté a mis amigas del grupo de madres solteras, quien me iba a entender mejor…una ya estaba embarazada cuando la conocí, otra empezó a la vez que yo y ella sí se quedó a la primera, las otras cuatro todavía no habían empezado. Pues el segundo ciclo otra vez lo mismo, ecografías, pinchazos, inseminación, beta espera…me llama el doctor y me dice que ha dado positivo!! Enhorabuena, te mando una lista de alimentos que no puedes comer, pide cita en tu médico…de todas formas vente en dos días porque la hormona ha salido un poco baja y te repetimos en análisis para quedarnos tranquilos…pues la hormona siguió bajando, aborto bioquímico, después de la implantación del embrión en el útero, algo va mal y se pierde. Me decían otra vez…. -no pasa nada, les pasa a muchas mujeres…- a mí no me importaban las demás mujeres. Pero como nadie le daba importancia, intentaba no dársela yo, error.

Para el tercer intento pasaron unos meses, no recuerdo si tenía que volver a ahorrar dinero, pero fue una repetición del primero, negativo otra vez, ya los ánimos por los suelos. Tampoco recuerdo el mes.

Cuarto intento, este sí recuerdo que dejé  pasar varios meses, estaba muy desanimada y sin dinero. Pero mis amigas las madres solteras (otras dos se habían quedado embarazadas mientras, no era una carrera pero al final ellas lo conseguían y yo no) me dieron todos los ánimos del mundo y me dejaron dinero para otro intento, fue parecido al segundo,

aborto bioquímico, otra vez. Mientras tenía que hacer como si nada y tener buena cara en la peluquería, ya habían pasado casi dos años desde que empecé.

Llegó el quinto intento, el día de la inseminación fue el 4 de marzo del 20015, el 20 el análisis dio positivo, esta vez sí! Y se iba a llevar 6 meses con mi sobrino, mi hermana también estaba embarazada.

A las 6 semanas mi amiga consiguió que me hicieran una eco y le oímos el corazón, parece mentira con lo pequeño que era. Poco a poco se lo iba contando a algunos amigos, familia, y a algunas clientas con las que tenía más confianza, además ya se me iba notando la barriguita, pero no me apetecía que lo supiera más gente, nunca me ha gustado dar explicaciones y de momento estaba bien así.

El 12 de mayo tenia cita con la ginecóloga para la revisión del segundo trimestre, el análisis de sangre y la eco de 12 semanas a la que le tienen las embarazadas tanto miedo, yo no lo había pensado la verdad, iba pensando en ver la eco y llevarme una foto a casa. Me acompañó mi madre y también estaba mi amiga Sonia que trabajaba en el hospital con la ginecóloga, nos reímos mucho porque el bebé no paraba de moverse, yo estaba segura de que iba a ser niña (Cloe y si era niño Leo) y decía que iba a ser bailarina.

Cuando pasamos a la mesa para que la ginecóloga mirara los resultados del análisis de sangre y me diera el informe se nos cortó toda la felicidad,

venía con riesgo alto de síndrome de down, dejé  de escuchar, solo oía la voz de fondo hablando pero no quería escuchar nada más, quería irme y que me llamaran al día siguiente para decirme que se habían equivocado. Una madre soltera autónoma con un niño con problemas. Me estaba explicando que si en ese momento tenía alguna duda de si seguir con el embarazo o no, me podía hacer dos pruebas para asegurarme. Una biopsia corial, que era como una amniocentesis pero cogiendo tejido de la placenta a través del cuello del útero, o un análisis de sangre muy específico que se mandaba a Estados Unidos(creo recordar) y costaba 700 euros.

Cuando salimos del hospital tenía que ir en autobús a la peluquería y trabajar como si nada, mi madre en vez de animarme, preguntaba datos que me habían dado en el informe, porcentajes, números desde entonces se cerró en su burbuja y hasta hoy no me ha hablado del tema. Me ayudó mucho con la peluquería pero me hubiera hecho más falta un abrazo o hablarlo.

Yo después de gastarme todo lo que tenía en inseminaciones no quería hacerme el análisis pero al final pensamos que era lo mejor y con menos riesgo, pedí el kit por internet, llegó en dos días y lo lleve a un centro privado donde me sacaron la muestra y creo que ellos se encargaban de enviarlo. A los días me llego un email contestando al análisis, en inglés!!  yo el inglés que tengo es el del cole, se lo mandé a una amiga y lo único que descifró es que era un niño, Leo.

Me llamaron de un hospital privado en Madrid centro para explicármelo, me acompañó una amiga, me pasaron a una consulta con un doctor, me hizo una eco que yo no quería ni mirar, ya sabía que era niño, no paraba de moverse y no sabía si iba a querer tenerle, es muy duro, ahora pienso que en todo este proceso tenía que haber algún psicólogo que te acompañe para que no te vuelvas loca en pensar, si lo estás haciendo bien, si eres mala persona o egoísta, si te vas a sentir culpable todos los días de tu vida….me dijo que no confirmaba nada, que no era 100% seguro, seguía como el primer día. De la vuelta a casa solo recuerdo que íbamos en el coche de mi amiga y nos paramos en un cruce con muchos coches y pensé que si teníamos un accidente y me moría no me importaba.

Cuando hablé con Sonia movió a todos los ginecólogos del hospital para que me hicieran la biopsia, los cuatro estaban en mi habitación pendientes de mí y que todo fuera bien, nunca le podre agradecer suficiente todo lo que hizo por mí desde que empecé las inseminaciones hasta hoy. Después de la prueba tenía que estar en reposo unos días, la casa se me venía encima, vivía sola y a ratos pasaban a verme algunas amigas, pero pocos ratos, me imagino que le gente no sabe cómo reaccionar en esas situaciones, deje de hablar con muchos  por eso y no me arrepiento, no vale de nada estar rodeada de muchas personas si no te van a ayudar en los malos momentos.

Otra vez a la ginecóloga para que me dieran los resultados de la biopsia, y confirmaba el riesgo alto, en el  hospital ya no podían hacer nada, me acompañaron a una sala que sería de  orientación en estos  casos y una mujer encantadora me explicó el procedimiento para la interrupción voluntaria  del embarazo, que paciencia la pobre, fui sola y me lo repitió cien veces, no la entendía porque dejaba de escucharla, no quería oírlo, me quería ir a mi casa y dormir, al final me apuntó todos los pasos y me los lleve, junto con una carta justificante como dando su permiso el equipo del hospital para la interrupción.

3 de junio 2015, ese día todo iba a terminar, me acompañaba mi amiga Berta, teníamos que estar temprano en Madrid en el ministerio de sanidad, hacer bastante cola y presentar el justificante para que ellos me dieran otro papel para presentar en la clínica en cuanto saliera de allí y ya quedarme, el personal que nos íbamos encontrando era bastante desagradable para tener que tratar temas tan delicados, pero tampoco íbamos a poner a quejarnos.

La clínica estaba a pie de calle y había mucho movimiento, no lo esperaba, fui pasando por salas, una para rellenar datos, otra para hacerme preguntas, otra vez una ecografía que no quería mirar, y firmé una autorización que ni leí, mi amiga la vio por encima y explicaba la anestesia y lo que podía salir mal… Esa espera la recuerdo en blanco, no quería pensar, solo que pasara el rato rápido y a la vez me reía mucho porque Berta hacia bromas y decía tonterías para entretenerme, quien nos viera desde fuera…jajaja, gracias!

Cuando me llamaron, pase a un baño, y de camino vi una sala enorme llena de camillas y sillas de ruedas con chicas en bata azul, que imagen, podían tener el detalle de poner una cortina pensé, me dieron una bata, un gorro y unas calzas para los pies a juego con las demás, me dijeron que me quitara los pendientes y me dieron una pastilla para provocar las contracciones.

Me pasaron a una habitación individual, con una vía puesta (que no se ni que era, suero?)  sentada en un sofá a ver la tele mientras me hacía efecto la pastilla, estaría lleno de habitaciones y se oía a las demás chicas hablar, llorar, chillar… al rato vino una enfermera a buscarme para pasar a quirófano, subí a la camilla, me tumbe y el cirujano que fue el más agradable que me cruce por allí ese día, se puso a hablarme para tranquilizarme mientras me dormían, y me dormí.

Me desperté desorientada, en la sala enorme llena de camillas y chicas de azul, ahora que lo recuerdo me dan ganas de llorar, estaba sola rodeada de chicas anestesiadas, o despertándose de la anestesia, llorando o gritando, yo me aguanté y me hice la dura, como siempre, una enfermera me dio un caramelo como hacía con todas para que nos espabiláramos y sin decir nada empezó a sacarme gasas grandes que habían metido al terminar el legrado para absorber la sangre después de raspar el útero,  fue muy desagradable verlas llenas de sangre y el dolor al sacarlas. Al rato me dijeron que me sentara en la silla de ruedas y me llevaron a la habitación, me dieron unas compresas enormes para el camino de vuelta a casa porque iba a estar sangrando semanas, y un papel con pautas a seguir, debía tener reposo unos días, no podía bañarme en bañera y mucho menos piscina o playa, y sobre todo no tener relaciones sexuales, ya me lo volvió a decir la enfermera con tonito, “mujer legrada mujer preñada”, me dieron ganas de contarle mi situación para que se sintiera mal, y no juzgara sin saber, pero sonreí como una gilipollas. Me dieron el alta, pasamos por la farmacia para comprar una pastilla para que no me subiera la leche y cogimos un taxi.

Ya en casa no recuerdo mucho de los dos siguientes días, no sé si vino alguien a verme, al tercero mi hermana se puso de parto, yo tenía que seguir en reposo por las hemorragias pero quería ir al hospital, tenía muchos dolores y me acuerdo de estar encogida en la silla de la sala de espera, tres días después de que muriera mi bebé, nacía el de mi hermana, Juan.

Me pase los dos días o tres que estuvo mi sobrino en el hospital allí con él, cogía el autobús a primera hora y volvía a casa por la tarde cuando nos echaban de la habitación, no pensaba en nada más que en cogerle, no me apetecía hacer nada, ni salir de casa, una tarde vinieron a verme a casa mis primitas, entonces tendrían 20 y 24 (creo) y me sacaron a rastras!!! Todavía tenía la tripa del embarazo y no quería ver a nadie pero menos mal que lo hicieron, me vino bien despejarme un rato, días después me fui a Tarragona con mi familia para que me diera el aire. Pasé un año bastante malo, lleno de silencios

Por suerte en septiembre del 2016 conocí al amor de mi vida (que yo cuando escuchaba en alguna película ñoña esa expresión me daba la risa) y me salvó, le fui contando poco a poco mi historia y es el que más apoyo me ha dado, empecé a buscar información, historias de chicas que hubieran pasado por algo parecido, que contaran sus experiencias y sentirme más comprendida y una en un video hablaba de Alicia Acuña y de cómo la había ayudado en su duelo, la escribí para contarle, hablamos por video llamada y fue lo que me hacía falta para despertar del todo y entender que no tenía que sentirme culpable y que hice lo que tenía que hacer en la situación que estaba. Después de esa charla me animé a ir todas las semanas a una psicóloga, Victoria Montero en Parla que también me ayudó muchísimo, me enseño entre otras cosas a gestionar emociones, y cambiar recuerdos negativos que tenía encerrados, a positivos.

Casi cuatro años después y puedo decir que todo pasa, que parecía que el mundo se acababa pero no, solo hace falta apoyo diario, hablarlo y normalizarlo, que fue lo que me faltó el primer año. Una persona que ha pasado cualquier trauma necesita ánimo y sentirse acompañada, no silencio y que se le olvide, porque no se olvida, se recuerda siempre pero desde otro sentimiento.

Y me he animado a escribir toda esta parrafada para el blog de Alicia porque cuanto más lo hablo, o se lo cuento a alguien, mejor me siento, porque tenía que haber más ayuda psicológica o personal cualificado para según que trabajos de cara al público, y porque en su momento me hubiera ayudado mucho saber que no era la única que estaba pasando por eso, se hizo un tabú alrededor, nadie sacaba el tema ni me preguntaba, solo –ya se te ha pasado? –estas mejor? -no pasa nada eres joven, ya tendrás otro…

Ahora soy muy feliz, vivo en otra ciudad con mi chico y tengo mejor calidad de vida, si me dicen esto hace dos o tres años no me lo hubiera creído, pero es así”

No juzgues el camino de otro si no llevas sus zapatos

 

 

2 comentarios

  1. Madre que llorera! Me he sentido tan tan identificada contigo, te mando mucha mucha luz porque como tu dices el tiempo acaba sanando esos procesos.
    Como té estoy en esa lucha de dar visibilidad a las IVE/ILE y por ello tenemos un grupo que creé hará mas de un año a raiz de una primera IVe, y muy recientemente he tenido mi segunda. Te invito a entrar al grupo “https://www.facebook.com/groups/152743478777527/”
    Gracias

    1. Mil gracias, Nuria, por comentar y apoyar a María y compartir el enlace a ese grupo creado con tanto amor y que es tan necesario para hacer de red a todas las mujeres y madres que pasan por estas experiencias. Sabes que me emocionó mucho tu historia y pronto este blog abrirá sus puertas para ti. Un abrazo grande

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