Testimonio de ruptura uterina: Historia de Bruno. La necesidad de escuchar a la mujer durante el parto.

Hace tiempo que quería hablar sobre la ruptura uterina pero al ser un tema que no he vivido en primera persona, no me he atrevido a hacerlo hasta que Gloria, una valiente lectora, ha querido compartir la historia de su hijo Bruno, que murió fisicamente durante el parto por esta causa.

A veces la medicina no puede salvar a nuestros bebés, sé que los médicos no son dioses. Pero hay ocasiones en las que el buen ojo clínico y la pericia del médico o la comadrona logran salvar vidas. Una actuación rapidísima, a contramuerte, puede conseguirlo. Pero para ello hay que ESCUCHAR A LA PARTURIENTA y dar crédito a sus palabras, porque la mujer conoce su cuerpo bien y sabe cuando algo va realmente mal, cuando su dolor no es NORMAL, cuando se precisa una intervención con la mayor celeridad posible para intentar evitar la muerte del bebé e incluso la de la propia madre.
Me indignan los casos en los que nadie escucha a la madre desesperada pidiendo ayuda, los casos en los que se sigue realizando la maniobra de Kristeller estando desaconsejada (véanse diferentes campañas al respecto en Change.org).

Hoy Gloria nos cuenta su historia y comparte también la elaboración de su duelo, con aportaciones que a tod@s nos pueden ayudar.

Quiero dedicar esta entrada a mi amiga Pilar y a su hija Irene, pues sufrieron una ruptura uterina durante el parto. Afortunada y milagrosamente, ambas están vivas y sanas e Irene es una niña preciosa, inteligente, feliz, sin secuelas.
Y por supuesto la entrada va dedicada a Bruno, el eterno y amadísimo hijo de Gloria.

 

 

Historia
de BRUNO
El embarazo
 
Nuestra familia
está conformada por mi esposo Salvador, nuestras hijas: Regina de 5 y Aitana de
casi 2, mi mamá y yo, ambas Gloria. Y por supuesto, nuestro hijo Bruno en el
cielo.
El 14 de Febrero
2015 nos enteramos que esperábamos a Bruno.Al ya saberse que mis embarazos son
de alto riesgo, el embarazo de Bruno fue estrictamente vigilado, todo
transcurría perfecto, a las 12 semanas nos confirmaron que sería un varón y que
se encontraba en perfecto estado. A las 16 semanas fui sometida a un cerclaje
porque desde mi primer embarazo se me detecto incompetencia cervical (cuando el
cérvix se acorta y/o se abre prematuramente causando un aborto tardío o un
parto prematuro). El cerclaje salió muy bien y de ahí en adelante tuve un
embarazo tranquilo, vigilado, cuidado, disfrutado, cansado por el reposo pero
era una pancita muy amada, mis niñas le daban besitos a Bruno, mi niña mayor le
cantaba, cuando ambas peleaban o alguna lloraba Bruno pateaba fuerte, ya me
imaginaba a los tres dando guerra.
Entramos al
tercer trimestre y todo seguía como debía, al parecer sería un parto natural y
fue hasta la semana 34 que empezamos a preocuparnos por el peso de Bruno, la Dra.
aseguraba que el peso no era problema, me seguían monitoreando atentamente. En semana
36 algo pasaba que al parecer no tenía a mi bebito 100% cómodo en la pancita,
me mandaron a hacer un estudio llamado perfil biofísico donde calificarían el
bienestar de mi bebe en el vientre, la Dra. nos dijo: si le daban 10 podíamos
esperar y ganar unos días para que él bebe alcanzara madurez y un poco más de
peso; si le daban un 8 no esperarían más de un par de días y debería nacer por
cesárea; si le daban un 6 nacería por cesárea inmediatamente. Mi bebe tuvo 10.
A las 36+2 me
retiraron el cerclaje y me mandaron a casa a esperar trabajo de parto. Exactamente
en semana 37  tuve mi última consulta y él
bebe estaba perfecto y yo tenía 6cm de dilatación aun sin trabajo de parto. Mi
Bruno estaba por nacer.
 
El parto
 
Al día siguiente,  25 de Septiembre, me internaron en el hospital,
cuando llego la Dra. a revisarme  ya
tenía 7cm de dilatación aun sin trabajo de parto así que me pusieron oxitocina
para inducir el parto.
No tenía ni 15
minutos con el medicamento y estaba caminado como me indicaron cuando empecé a
sentir las primer contracciones.. wow… no me acordaba lo fuertes que podían
ser, al estar de pie preferí irme a acostar para ver si así las aguantaba mejor,
al dar el último paso sentí un dolor raro, como si algo se rompiera, me rasgaba
y quemaba, apenas alcance a acostarme pues el dolor era mucho, yo pensaba que
Bruno llegaría al mundo demasiado rápido y que por eso había sentido eso, tal
vez era que él bebe se había girado o había descendido más en el canal de
parto. La Dra. volvió a revisarnos y ya tenía 8cm de dilatación y el corazón de
Bruno estaba perfecto, pero yo seguía sudando frio, con un dolor extraño y
diferente al de las contracciones, dieron la orden para pasarme a la zona de
quirófano y bloquearme para el dolor. Al pasarme a la camilla sentí que se me
rompió la fuente, se me hincho el corazón de alegría (a pesar de ese raro
dolor) de saber que pronto llegaría Bruno a mis brazos.
Estando en la
zona de quirófanos me hacían mil preguntas pero yo no estaba bien no podía
contestarlas, seguía sudando frio empapada en sudor, no sabía que me estaba
pasando, los doctores buscaban el latido de mi bebe y parecían no encontrarlo,
paso una media hora y yo seguía mal, inquieta, nerviosa, el dolor se me
traslado a los hombros, a las costillas, mi cuerpo estaba rígido. Unos minutos
después llego mi Dra. y me pregunto desde cuando estaba sangrando y le conteste
que no sabía, checo el latido de mi bebe y no lo encontró, me pasaron a
quirófano para hacerme una cesárea de emergencia, yo sentía todo aun la anestesia
no hacia efecto, en algún momento debí desmayarme porque nunca vi cuando
sacaron a mi bebe, cuando supongo desperté vi que reanimaban a mi bebe,
pregunte gritando si Bruno estaba bien y la ginecóloga me dijo NO con su
cabeza, le pregunte si estaba muerto y el SI de sus ojos congelo mi corazón.
Quise levantarme y verlo, no me dejaron, intentaron ponerme una mascarilla y
grite que no me durmieran pero me sujetaron y me durmieron.
Cuando desperté
en el área de recuperación, pensé que lo había soñado, que debía ser una
pesadilla, inmediatamente se acercaron a mí y pregunte por Bruno, al ver sus
caras supe que no estaba soñando, que Bruno SI estaba muerto, que no era
pesadilla, que era mi nueva realidad.
No podía creerlo,
desde el primer día que supe que esperaba a Bruno jamás, jamás, jamás me cruzo
por la cabeza perderlo a pesar de los riesgos de mi embarazo, el mayor temor
era que fuera prematuro y mi madre me ayudo con mis hijas para que yo no
hiciera esfuerzos tanto así que llegamos a semana 37 cuando lo máximo que
esperaban era que llegara a la 34, entonces Bruno simplemente no podía morir así,
no con un embarazo tan vigilado, a término, en un buen hospital y con un buen
Dr.
Pedí
desesperadamente verlo, no querían traerlo, grite y suplique que era mío y que
tenía que verlo, conocerlo, tocarlo; fue mi esposo quien me lo trajo envuelto
en una tela del hospital y ahí estaba esa personita que soñé conocer por nueve
meses, estaba hermoso, parecía dormido, estaba completito, su piel tan suave, sus
manos grandes, estaba más gordito y grande de lo que esperaban. Apenas lo pude
cargar unos minutos, le di los besos que soñé darle desde que supe que lo
esperaba, quería llenar mis ojos y mi mente con esos recuerdos porque sabía que
no lo volvería a ver, mi mente me jugo muy malas pasadas por el shock y la
anestesia. Me pidieron a mi bebe de regreso y yo abrace a mi bebe y le
suplicaba: despierta bebe, por favor, despierta mi bebe, abre tus ojitos!! Se
lo repetí cuantas veces pude hasta que se lo llevaron.
En cuanto pude pregunte
qué había pasado, porque termino todo mal, que le había pasado a mi hermoso y
perfectamente sano Bruno. Tuve una ruptura uterina y Bruno se salió del útero hacia mi cavidad abdominal y la placenta
se desprendió, no tuvo oportunidad. Ahora sé que el dolor que sentí era una la
ruptura uterina y al romperse la bolsa saco a mi bebe fuera del útero y la
placenta se desprendio.
 
El duelo
 
Salí del
hospital un domingo con el cuerpo roto, el alma en pedazos y mis brazos vacíos,
aun así el lunes me levante y arregle a mis hijas para la escuela, como pude me
las arregle para no llorar y al menos pudieran tener un poco de su mama de
regreso. Porque ellas no solo perdieron a su hermano también perdieron a sus
papas, estos papas no son los mismos que ellas conocieron, la alegría no
termina de llegar a los ojos, la sonrisa es genuina pero no es completa, le
falta algo, falta Bruno.
Ha pasado poco
tiempo desde su partida hasta hoy que escribo esto, han pasado muchas cosas desde entonces a pesar del corto tiempo. El
tiempo es tan subjetivo, parecería que no ha pasado tanto y a la vez es una
eternidad cuando no estas completa, cuando tu corazón está quebrado,
cuando
repasas mil veces lo sucedido y no entiendes como paso, cuando no duermes y cuando
lo haces sueñas con tu hijo pero despiertas a la pesadilla de no tenerlo,
cuando no te permites salir a la calle porque no sabes enfrentar el mundo sin
una de tus razones para vivir.
 
Ayuda en el
duelo
 
Mi esposo y yo
acudimos a una tanatóloga cada dos o
tres semanas, nos ha ayudado bastante el poder hablarlo, el poder expresarle lo
que uno siente y sentirse guiado, escuchado, apoyado.
Mis hijas son la
motivación para salir de este hoyo,  porque
cada día me iluminan con su sonrisa y me mantienen caliente el corazón, a veces
que no es fácil estar con ellas porque ellas me recuerdan a Bruno, pienso en lo
que estaríamos haciendo juntos, me
imagino regañándolas porque lo despertaron o porque lo están molestando,
imagino lo que mi nena pequeña diría de su hermanito, los besos que su hermana
grande le daría y las fotos que nunca podre tomar.
Al estar con
ellas estoy feliz con tintes de dolor, me duele lo NO conocido de Bruno: no
conoceré sus ojos, no conoceré su llanto, no conoceré su olor a bebe, ni su
color de piel, no conoceré su voz, no veré como cambia su carita, como crece,
como sonríe, como se enoja, como se emociona, como se desarrolla, no podré
estar en su primer día de clases, ni enojarme con el cuándo haga algo mal, no
podré ponerme feliz cuando algo bonito le pase, nunca escuchare un mama de sus
labios.
Otra cosa que me
ha ayudado de manera personal es tener
una cita diaria con Bruno en un diario
, lo empecé a escribir más o menos a
los 12 días de su partida y ahí le escribo como me siento, cuanto lo amo, todo
lo que pasa en su familia, la familia que lo esperaba con tanto amor y que la
vida no nos dio la oportunidad de conocernos pero siempre lo recordaremos y
tendrá un lugar en ella. En mi diario le hago preguntas y espero que el día que
nos volvamos a ver tener las respuestas. También, le pido que me fuerza para
aguantar su partida.
Mi esposo ha sido
fundamental en este proceso, creo que la vida me mando esta prueba, la más
grande y dura prueba que puede existir porque estoy junto a él, no imagino ser
capaz de soportar está perdida y este gran dolor si el no estuviera a mi lado.
Mi mamá ha mostrado una
gran fortaleza para que pueda apoyarme en ella, sigue poniendo todo de su parte
para complementar los cuidados a mis hijas, en lo que yo estoy mejor y puedo
cada día irme haciendo más cargo de ellas y no es que físicamente no pueda sino
que aún estoy ausente. Tiempo al tiempo diría ella.
Otra cuestión
que ha sido muy difícil ha sido la culpa,
mi propio infierno personal de culpa, y obviamente cada quien carga  el suyo, todos los involucrados como mi
esposo, mi mama, mi Dra, etc. Aunque obviamente nadie la tenga ni nadie sea
responsable de lo sucedido. En mi caso, le he pedido perdón a mi hijo por no
haber tomado una mejor decisión para que el llegara a este mundo, le he pedido
perdón por no tener un cuerpo más fuerte, le he pedido perdón por haberle dado
la vida y a la vez habérsela quitado, le pedí perdón por no escuchar a mi
cuerpo y reclamar una mejor atención,  le
pedí perdón por no encomendarlo a Dios lo antes posible.
En un blog en internet (hecho por una mami que perdió
a su nena a los pocos días de nacer y que es valiosísimo porque está hecho con
muchísimo amor para Olivia)
leí una cosa que me ha ayudado con
el tema de la culpa
y es que debería tratarme y hablarme como lo
haría con alguien más que me contara lo que le sucedió, tratarme con la misma
comprensión y consideración que tendría con una mamá que ha perdido un hijo,
porque cualquier madre querría lo mejor para su hijo y siendo la persona que
más le quería jamás hubiera querido dañarlo y por tanto no se le podría
considerar culpable, que culpa tendría alguien de tomar una decisión que la
única finalidad tenia era el bienestar de su bebe.
Otra cuestión
que afronto es el miedo, tengo tanto
miedo de no soportar tanto dolor, miedo de no aguantar vivir toda la vida con
este dolor que me oprime el corazón y me quema el pecho ¿de dónde voy a sacar
la fuerza? Miedo de afrontar mi nueva vida, a las personas que me pregunten por
Bruno, tengo miedo de no poder ser la mama que sus hermanas necesitan. Todos
los días le pido a Bruno que nos de fuerza y valor.
 
El día que Bruno cumplió un mes de su nacimiento
decidimos honrarlo de manera diferente
, no nos quedaríamos en casa a llorar y
lamentarnos, haríamos lo que el haría con su presencia: hacernos felices
,
así que salimos al zoológico y al ver a mis hijas tan contentas creo que
cumplimos la misión de hacerle llegar esa felicidad a Bruno, recordarlo por la
alegría que en vida nos trajo y sé que nos sonrió desde el cielo.  Mi esposo y yo nos planteamos, cada mes
iremos a un lugar distinto, a un lugar al que nos hubiera gustado ir con Bruno
a manera de homenaje.

 

Mi esposo y yo esperamos algún día descubrir la misión
de Bruno,
tenemos por supuesto muchas teorías, pero
el día que nos volvamos a ver espero que este orgulloso de estos padres que lo
amaron desde el primer momento de su existencia hasta el último de sus días y
que cada día de sus vidas lo recordaran y trataran de honrar ese amor incluso
más allá de la vida. Hasta pronto Bruno, recuerda que cada día que pasa estamos
más cerca de volver a estar juntos. Te amo.

11 comentarios

  1. Gracias Alicia! Gracias por considerar nuestra historia y compartirla.
    Lloro y lloro de dolor, de impotencia, de rabia, de incredulidad, de tristeza, lloro para tratar de sanar, para reconstruir esta alma rota, para aplacar este pecho quemante, para reinventarse, para aprender a vivir con un corazón aplastado.
    Gracias por todo!!
    Gordo Hermoso te amo tanto, cada día estamos más cerca de estar juntos, mientras tanto viviré lo mejor que pueda por tus hermanas y el día que nos reencontremos nada nos separara, más allá de la vida mi bebe

    1. Gracias a ti, Gloria, por tu valentía y por compartir también tu duelo, con ese enfoque lleno de amor por la vida y ganas de honrar a Bruno, aunque a veces te sientas morir. Un abrazo grande, amiga!

  2. gracias alicia y gloria por compartir la historia de bruno. es muy notable como todas tenemos culpas y miedos similares…como todas esperamos reunirnos con nuestros hijos para hacer las cosas que no pudimos hacer con ellos en vida, para entender si hay un por que de lo que paso, para entender lo que en vida nunca podremos,ya que podremos intentar dar sentido a la vida tan breve de nuestros pequeños, impulsarnos a ser mejores y disfrutar mas de la vida pero su corta vida siempre sera un interrogante y muchos dias un sinsentido

  3. Hola Carol, qué alegría leerte por aquí.Efectivamente siempre está presente esa culpa al inicio del duelo, algo normal pero que es fundamental trabajar para perdonarse y sanar. La pérdida es un interrogante abierto, probablemente en esta existencia no logremos encontrar una respuesta. Sólo nos queda honrar la vida que nuestros hijos no pudieron disfrutar. Un abrazote

  4. Hola! Soy Natalia, mamá de una estrellita llamada Xabier. Mi estrella nos dejó en agosto del año pasado, tras pasar 47 días con nosotros. Tras un embarazo perfecto, me hicieron cesarea de emergencia, me durmieron, no pude ver nacer a mi hijo, ni sentirle, ni olerle, ni oirle llorar… nacio enfermo del corazon y no pude verlo hasta un dia despues. Cuando le conocí, no pude ya abrazarle, ni apretarlo contra mí porque estaba lleno de cables… en mi interior, algo me decía que se iba a marchar, pero el amor a veces, se hace egoista y quieres retener y retener y que hagan lo que sea para poder tener a tu hijo entre tus brazos.

    Fueron días llenos de emociones, de altibajos, de sufrimiento pero ante todo, fueron días de amor, de aprender a ser madre a distancia, de intentar conectar con tu hijo, cuando se te ha privado ese momento tan especial del nacimiento… de mirarle y pensar que aunque no haya contacto físico, hay un contacto invisible que nos ata y nos une para siempre… y ese hilo invisible permanece hoy…

    Aprendí a aprovechar todo el tiempo presente, sin mirar más allá, solo disfrutar los momentos junto a él, aprendí a esperar el momento en que podía abrir los ojos y encontrarnos y sentir que eramos algo más puro y más grande…

    Aprendí también que los médicos no son dioses, aprendía a controlar mi ira, por qué la vida me arretaba algo tan hermoso, aprendí a ver sufrir a mi niño y poder acompañarlo con amor, compasión y ternura infinitas. Aprendí que la vida te pone patas arriba y te hace fuerte, casi inhumana… aprendí a dejarme ir, a llorar y reir delante del mundo, a ser vulnerable… mi hijo me permitió ser vulnerable y hoy en día, sigo siendo vulnerable. Me siento blandita, llena de amor, con ganas de abrazar, de ver bebés, de llorar y reir al verlos, de bendecir a todas las mamás, porque si algo aprendí mas que nada fue a querer ser mamá, querer oir llorar y reir, querer sentirme abrumada, enojada, hormonada… quiero sentir todo eso, quiero ser mamá de nuevo con toda mi alma y con toda mi conciencia. A esto me enseñó Xabier. Gracias, mi gordito por ser mi hijo y haberme elegido. Nos une todavía ese hilo invisible que creamos para poder amarnos. Te quiero mi estrellita. Os bendigo a todas, mamás. Un abrazo lleno de energía y vida!!!

  5. Oh, Natalia! Qué escrito tan lleno de amor, de fuerza y de verdad… Me ha llegado muy dentro, muy revelador, muy inspirador, cura el alma como un bálsamo, me reconozco en tus aprendizajes. GRACIAS. Mucho amor para ti y Xabier☆

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