Señales siempre

Para Adriana. Tu madre siempre estará contigo. 

En los primeros días y meses tras el nacimiento y muerte física de Olivia, me llegaban señales como un goteo de perlas de cristal de agua de plata.

A veces sentía que no había barrera entre el mundo de los vivos y de los que partieron, a veces sentía que estamos todos en el mismo plano y que el amor nos mantiene unidos hasta casi poder comunicarnos y hacerles palpables.

Es este un tema que apenas he tocado en mis escritos. Sé que es controvertido y que hay personas con malas intenciones que se aprovechan de los dolientes para decirles que pueden servirles de vehículo para hablar con sus seres queridos fallecidos. Yo no conozco ningún medium, soy una gran escéptica en estos casos y estoy casada con un cientifico de mente puramente racional. Sólo puedo hablar de las señales sutiles, que llegan como flechas de amor al centro mismo del corazón y que traen paz y plenitud, certeza. Después, esa seguridad de haber recibido una señal de Olivia, se desvanece, diluida en el pensamiento crítico que encuentra una explicación factible para todo y desecha desdeñosa las señales como puras coincidencias. Pero en el momento que suceden, la certidumbre y la claridad son incontestables.

Sobre estas señales habla el libro que quiero compartir y recomendar, cuya lectura, en este año que acaba, ha sido tan mágica y me ha traído horas preciosas.

Al volver a casa del hospital, tras nacer y morir Olivia, a esa habitación con su cuna vacía, cubierta con las mantas que llevaban su nombre bordado, regalo de mi amiga Pilar y mi prima Naiara, yacíamos Javier y yo sobre la cama, como suspendidos sobre el vacío, con los ojos llenos de lágrimas, ciegos, mirando al infinito aterrador. Mis padres, que habían venido para echar una mano cuando naciese Oli y se quedaron sosteniéndonos en lo humano y divino, como también hicieron los otros abuelos, ya habían regresado a Palencia para respetar nuestro duelo y nuestra intimidad. Nos quedamos solos en la casa que era el nido perfecto para una pequeña familia, esa casa que buscamos ilusionados para Olivia cuando ya vivía en mi.

Nos quedamos espantosamente solos en el hogar perfecto que ya no parecía un hogar. Mirando por la ventana el parquecito que ya no usaría, la piscina donde nunca podría enseñarle a nadar y escuchando la algarabía feliz de los niños vecinos que sí tuvieron la suerte de nacer.

Ya he contado que una de esas tardes de vacío, de dolor insoportable como sólo conoce el que lo ha vivido, escuchamos twinkle, twinkle, little star, tocada al piano, al otro lado de la pared. La casa contigua pertenecía a otro portal y nunca supimos quien tocaba. Lo que sí sabíamos es que ese pianista no había tocado Estrellita del lugar nunca antes y nunca después la volvió a tocar.

Yo se la había cantado tantas veces a la Olivia de mi tripita y también se la canté a la hija ya nacida, sosteniéndola en mis brazos para despedirla.

Cuando esas notas llegaron a nosotros, me pareció mágico. Sentí en mi alma que era Olivia mandando un mensaje. Qué otro lenguaje tiene un bebé?

Otra noche, eterna de insomnio, sola en el sofá, desesperada, buscando escritos de madres que hubieran pasado por esto (cosa que apenas había por aquel entonces) en el silencio de la madrugada, en la quietud del salón, llego con claridad cristalina el olor del perfume petit et maman de Bulgary, que tenía preparado para Olivia y que puede ponerle, sobre la ropita con la que le vestí en mi primer y último acto maternal, qué bonita era mi niña…

Olí su perfume con deleite y pensando que era imposible estar percibiéndolo, que me estaba volviendo loca, pero era así, sin lugar a dudas. Y sentí de nuevo que esa frontera que nos separa es difusa y que la presencia de Olivia me acompañaba.

La primera vez que me atreví a salir, mucho tiempo tras su muerte, al centro de Madrid, con una amiga, una gran mariposa blanca se posaba una y otra vez sobre mí, sobre mi mesa de la terraza y sobre las adyacentes. No se iba y tenía un comportamiento muy inusual e insistente. No sabía nada entonces de la simbología de las mariposas blancas, mi amiga sí y quedó asombrada por ello, pero yo estaba tan rota y con los nervios tan a flor de piel, que no pude disfrutar de esa visita, porque tuve miedo de que alguien le hiciera daño a la pobre mariposa que se había aventurado tan lejos de un parque o de unas flores y estaba prisionera del asfalto y de los humanos. Hoy puedo darle otro significado a esa señal…

En un paseo por Madrid Río, al poquito tiempo de la muerte de Oli, una niña pequeña me tocó, sentí sus pequeñas manos en mi espalda y al girarme, la niña, morena de ojos oscuros, como debieron tal vez ser los de Olivia, me miraron profundamente y me llegaron muy hondo. Nos pueden tocar a través de otras manos?

Nos pueden mirar a través de otros ojos? He sentido a Olivia en la mirada de Vega, un bebé hija de mi amiga Esther, que con tanto amor y delicadeza supo estar presente en mi duelo. Esther me visitó un día con su niñita y yo sentía algo inexplicable al mirarle a los ojos…

Otra noche de insomnio, tras haber buscado incesantemente El Principito, repasando cada balda de la estantería, revisando libro por libro, El Principito cayó a mis manos mágicamente. Lectura perfecta para el viaje del duelo. Así ha pasado otras veces, años después, con libros muy concretos, muy especiales, llenos de mensaje, que desaparecen y de pronto caen de las estanterías…

Viviendo en Dublín, siendo Violeta un bebé, un juguete con la melodía referida anteriormente, se activaba solo, en momentos que nadie lo tocaba y sin embargo, cuando lo queríamos hacer funcionar, no lo lográbamos.

Una noche dublinesa, tras la celebración del primer cumpleaños de Violeta, con mi bebé en brazos y su silueta recortada por la luz procedente del jardín, sentí de pronto algo maravilloso (y mi marido confesó haberlo sentido también esa noche). Fue como si además de estar sosteniendo a Violeta, tuviese también a Olivia. Fue la primera vez que el pelo de Violeta, lisito hasta entonces, se empezó a rizar. Había un halo alrederor de su cabecita y un amor tan grande en la habitación, junto a la cuna, era algo imposible de describir, pero sentí que también tenía a Olivia entre mis brazos.

Coincidencias inexplicables, gente que entra en tu vida, conexiones, canciones, frases, atardeceres…

Señales sútiles que para una madre no pasan inadvertidas. Erizos y mariposas, siempre.

Son muchos años de señales y no tiene sentido enumerarlas, porque al describirlas parecen perder su magia y su sentido, pero cuando se viven es casi divino.

En el Día del recuerdo, organizado por Círculo de Duelo, mi hija arcoiris, Violeta desapareció por un segundo del sitio donde estaba, con el consiguiente susto mortal para mí que necesito tenerla siempre en mi campo de visión. Le preguntamos a Marcos, el hijo de los amigos con los que estábamos y con quien jugaba hasta entonces Violeta, dónde estaba, y dijo “Allí, con su amiga”. ¿Qué amiga? Pensamos nosotras, si no conoce a nadie más…

Tras unas telas colgadas, efectivamente, apareció Violeta con una niña muy bonita que llevaba una estrella morada pegada en la frente. Tras reñir a mi hija por cambiarse de sitio sin permiso, le pregunté que cómo se llemaba su nueva amiga: “Olivia”, constestó la propia niña. La mamá de Marcos y yo nos quedamos alucinadas.

Cuando leí el libro SIGNS de Laura Lynne Jackson, vi validadas todas esas experiencias vividas a lo largo de estos ocho años sintigo, Olivia.

Es un libro que recomiendo a todos los que quieran abrirse a las señales porque no hace ningún mal y contrariamente, puede traer mucha paz y mucho bien.

Todo lo que transmite es amor y luz. Me gustó especialmente que te dice que puedes crear un código de señales para pedir guía. Alguna vez sí me he atrevido a pedir una señal. Y me ha llegado.

El mundo de hoy no está para sutilezas. Es un mundo rápido, tumultuoso, hiperestimulado y absorbente. Pero cuando nos retiramos por un momento y dejamos que nuestra alma se abra al universo, es impresionante todo lo que puede venir.

El libro lo que te dice es que no necesitas de ningún medium para sentir el amor y las señales que te envían las personas que te aman yque murieron.

El amor cruza hasta la última frontera, el amor no deja de existir con la muerte.

Juntos, los visibles y los invisibles.

Un abrazo alado y no te olvides de mirar a las estrellas, they twinkle for you.

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